¿Será Justicia?

Mauricio Macri tiene futuro de paseo por tribunales. No hoy por supuesto, no mientras tenga poder político, esta lógica que se repite desde la vuelta a la democracia encuentra su punto cúlmine en estos días y la justicia argentina vive hoy una crisis terminal.

 Su descrédito es unánime en los sectores y actores políticos, el hombre de a pie no entiende los fallos, los procedimientos y la sensación de injusticia sobrevuela al ritmo de sentencias y procesamientos. Las certezas de parcialidad son un hecho. Mismos hechos, iguales supuestos, distintas condenas o tratos. La ley no es justicia hace rato.

Para entender el poder judicial, a los fines didácticos hay que recurrir a los orígenes, a las ficciones del Estado Moderno, el cual está compuesto como todos sabemos por el Ejecutivo, Legislativo y Judicial y el mito o fabula contractualista, la cual como corriente jurídica-filosófica postula algo así: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene” siguiendo con el manual Aula Taller de cuarto grado, en las democracias occidentales, los poderes tienen distinta naturaleza: el ejecutivo es un símil monarca, pero sin corona es elegido por el pueblo e intenta llevar a cabo la administración de la cosa pública. El legislativo es el más representativo hacedor de leyes, controlador de ejecutivo.

El  poder Judicial  debería ser el moderador, el árbitro en este juego de poder en el que siempre hay excesos. Así  fue pensado universalmente el Poder Judicial, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo. Así también se justifican algunas desigualdades: No pagan impuesto a las ganancias, tienen una gran estabilidad en sus empleos y los jueces son inamovibles salvo juicio político. 

El problema que se está suscitando es que la justicia se ha convertido en un jugador más. Esto es peligroso y no es sólo cosa de abogados. La Justicia Federal actúa con quien no tiene poder, por eso hemos visto el desfile de funcionarios kirchneristas y veremos el de macristas en unos años. No se han respetado normas constitucionales como el principio de inocencia, debido proceso y puros detalles que nos hacen pasar de un sistema democrático a uno maso menos.

Por otro lado, la distancia entre el ciudadano y las leyes se hace más evidente, ¿será una cuestión de falta de educación cívica? ¿Será una sobredosis de televisión? Todos hablan y nadie entiende. Por ejemplo Justicia federal y ordinaria son confundidas constantemente. Para el común de los medios de comunicación hay “una sola Justicia” sin distinciones. Ni que hablar que “Proceso” “Excarcelación” “Imputación” son utilizados con una vaguedad alarmante.   

Otra fantasía recurrente es equiparar el sistema judicial anglosajón con el que tenemos nosotros. La película yanki con el abogado luchando por convencer al jurado no se da aquí, salvo la excepción experimental en Córdoba. Tal como decía Robert Frost “El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado”

Volviendo a la distinción entre la justicia federal (que es la que vemos en el tele) y la ordinaria, la principal cuestión es tener en consideración nuestro sistema; supuestamente somos Federales, como dice el versito de nuestras regla de juego más importante como lo es la Constitución Nacional. Forma de Gobierno: representativa, republicana y federal. La síntesis para aproximarlos al tema, es que las provincias han delegado en el poder central ciertos poderes y otros no, temas conflictivos respecto a tratados con las naciones extranjeras; las  causas en que la Nación sea parte (ejemplo: El estado contra alguna empresa privada); causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; Los delitos contra el fisco nacional; Narcotráfico. Son algunos de los temas en los que versa la justicia federal. Sin duda, el más importante, su ancho de espadas: los delitos contra la administración pública llevados a cabo por funcionarios públicos del Estado Nacional. A esto se le llama competencia, en este caso competencia federal. La ordinaria por ejemplo sería el caso de un delito común y corriente como afanarse un pingüino de un restaurant, un hurto digamos, en ese caso actuaría la competencia ordinaria.

Sin más para decir, recomendamos plenamente las intervenciones en Youtube de Graciana Peñafort; el Fiscal Federico Delgado y por supuesto nuestro crack Eugenio Zaffaroni.

En la próxima entrega de “serás lo que debas ser o serás abogado” estudiaremos por qué a Zaffaroni le dieron el “Nobel” del Derecho Penal y hay tantos idiotas que no saben más que decir: “Es gadantitsta”.

Dr. Lionel Hutz

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