Un tipo de 31 años, uno cualquiera, completamente ignorado por el mundo de los escritores célebres del momento, deja su casa de Nueva Orleans y acelera su auto hasta un descampado en las afueras de la ciudad. Es 1969 y nadie habla de él, aunque haya escrito una obra maestra. Conecta el extremo de una manguera al caño de escape e introduce el otro extremo por una de las ventanas hasta quedarse sin aire.
Su vida había sido algo singular, como también lo fue su muerte. Pero más aun lo fue su literatura.
John Kennedy Toole decidió suicidarse cuando abandonó las esperanzas de que alguna editorial aceptara su novela, La conjura de los necios, que había escrito al regresar del servicio militar. Murió sin verla publicada. Ese manuscrito sobrevivió y se convirtió en un libro célebre.
La novela tiene lo suficiente de autobiografía como para ser autodestructiva. Es la comedia más triste y más alejada de los lugares comunes que se pueda imaginar. Después de hacer algo así, no se sobrevive fácilmente.
El protagonista, Ignatius J. Reily, es un tipo gordo y sucio, consentido por una madre viuda y temerosa. Vive con ella en una casa vieja del barrio francés en Nueva Orleans y nunca abandonó la ciudad. Pasa su vida en una habitación roñosa de la que sale únicamente para ir al cine y enojarse, y hacer escuchar su enojo a los gritos, por la indecencia y el mal gusto del mundo. Está asqueado por locura del hombre moderno y quiere volver a un orden medieval. Sin embargo, no deja pasar una chance para contradecirse con sus actos. Es moralista, cínico y reaccionario. Cuando su madre choca con el auto contra una casa contraen una deuda difícil de pagar. Ignatius debe salir a trabajar.
Toole se divierte durante más de trescientas páginas desenterrando la mierda de su ciudad. El diagnóstico psicológico que hace de los barrios y de sus personajes es demasiado sincero.
A través de las aventuras de su protagonista, La Conjura de los Necios va describiendo una galería de seres humanos originales. La activista de izquierda, que asegura que los problemas de Ignatius se deben a su homosexualidad reprimida, la madre sobreprotectora, el policía estúpido, el empleado negro explotado, la dueña del bar que vende pornografía en los colegios, etc. Toole es un observador escrupuloso. Saca su bisturí y despelleja a sus personajes. Ante lo ridículo del hombre, no se puede hacer otra cosa que reír.
Después del suicidio la madre del escritor, encontró el manuscrito y comenzó a recorrer las editoriales. Lo mismo hubiera hecho la madre de Ignatius. La novela seguía siendo rechazada. Su humor era demasiado agrio. Finalmente llegó al escritor Walker Percy, que instó a una editorial para que se realice la primera edición, que terminó ganando el premio Pulitzer.

Sebastián Pujol

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