¿A quién salvaron?

El pasado 18 de enero una niña de 12 años pidió el derecho a la Interrupción Legal Del Embarazo (ILE) a causa de una violación llevada a cabo por un hombre de 60 años, pero se la negaron y la obligaron a parir.

El calvario en el cual nos estamos quemando vivas y cada día somos menos, vino recargado de violencia machista en el 2019. Ya van 15 femicidios –dados a conocer- en el recorrido de enero. Y como postre para ser conscientes de lo monstruosos que pueden ser lxs anti derechos y la ignorancia católica (y laica también) , se le negó el derecho a un aborto no punible –legal- por embarazo que pone en riesgo la vida, salud, y estabilidad de la niña violada por un adulto mayor que le cuadruplica la edad.

¿Saben lo que hace una nena de 12 años?

Una nena de doce años juega, corre en un parque, mira la televisión fantaseando con algún personaje de una serie, usa ropa talle 12 (niñxs), no terminó la primaria, todavía no sale a la esquina a comprar pan, se divierte jugando a la mancha o a las escondidas, su duda mayor es a qué va a jugar en vacaciones de verano porque se hacen largas sin el colegio; una nena de 12 años no tiene que parir, tiene que jugar.

Más allá del simple hecho de que tiene 12 años y que físicamente es ultra riesgoso practicarle una cesárea, debemos remarcar que se utilizó, en este caso en particular, la lógica más machista y vetusta que hace meses no se practicaba de una manera tan impune. La violencia obstétrica también es machista y es lo que las mujeres sufrimos cuando comenzamos a ser conscientes de que la única persona que puede decidir sobre nuestro cuerpo somos nosotras mismas. El proceso en el cual sometieron a la niña de 12 años no solamente carece de empatía y coherencia, sino que también promueve que todavía los y las medicas –junto con demás instituciones que presionaron para no llevar a cabo la interrupción legal del embarazo- crean tener el poder por sobre nosotras mismas.

Le dieron vueltas al asunto para que se pase de las semanas acordadas en la ILE. Eso es violencia. No solamente por el hecho de manipular un cuerpo que decidió no seguir con el embarazo, porque tiene ¡DOCE AÑOS!, no tiene trabajo estable, ni un cuerpo ni una cabeza preparada para ser madre y por sobre todo, porque no lo desea. Ni deseo la fecundación del ovulo con el esperma de su violador.

Nos quitan la inocencia de tener 12 años con la maniobra misógina popular de la violación. Nos quitan nuestro cuerpo infantil, los deseos infantiles, la rutina infantil y a colación, cuando –lógicamente- se pide que no se siga con el embarazo, se la somete a una cesárea re-victimizante y violentamente innecesaria en la cual, un cuerpo que todavía no recibió la ESI ni recibió libido sexual para con otrxs ni tampoco sabe cómo es un feto, parió.

De más está decir que parir no nos hace madres. Esa nena decidió no ser madre, la violaron a ella y a su decisión luego del hecho, pero jamás podrán transformar esta revolución que hoy se mueve contra injusticias y sucesos violentos para con mujeres, niñas o adolescentes.

Amalia Granata encabezando los medios con su sonrisa perversa, llena de goce patológico y sobre todo con un tinte de infelicidad propia, dijo que si su hija –violada- quedaba embarazada, la hacía parir  por que Dios le bendijo eso.

Todavía hay que explicarle a esta gente que para que exista un feto, tiene que existir un ovulo fecundado con un esperma y que Dios, a menos que esté vestido de hombre, cura o fertilización asistida, no deposita ningún esperma por arte de magia.

En estos tiempos, las violaciones la llevan a cabo los varones, tanto hacia las mujeres –en su absoluta mayoría- como hacia los varones. Claramente que no se comparan los números, ni tampoco las maneras ni mucho menos la significación de cada uno de los actos de un violador. Siempre el que comete el delito es un varón. A la falta de conciencia hacía con otro se le suma que viola su propio deseo, privacidad y decisión.

Ella tiene 12, y va a tener que explicar su cicatriz de la cesárea. Va a tener que comentar que la violaron a los 12 años y que la obligaron a parir porque la hicieron perder tiempo para no poder practicarle un aborto no punible. Lo va a tener que explicar toda su vida y será la niña que dio en adopción a una beba de 6 meses de gestación producto de una violación por parte de un tipo de 60 años.

Niñas, no madres.

Con este episodio violento de parte del Ministro de Salud al confirmar que se le produjo una cesárea en vez de un aborto legal también se sumó -instantáneamente- la problemática de la adopción ¿a dónde va a ir esa bebé de 6 meses –nacida antes de tiempo y sin haber formado todo lo necesario como corresponde- con lo difícil que es el sistema de adopción en Argentina?

Se ve que no es tan difícil adoptar, sino que lo difícil es ser de clase media/media baja y tener ganas de formar una familia. En una nota en el portal Chequeado se afirma en una entrevista a Mariángeles Misuraca, Oficial Nacional de Protección y Acceso a la Justicia de Unicef Argentina:

“En la actualidad, un chico puede ser adoptado cuando un juez declara su situación de adoptabilidad”, señala esta guía informativa del Ministerio de Justicia de la Nación. “Es el resultado de un proceso que comienza cuando se determina que un niño, niña o adolescente no puede seguir viviendo con su familia de origen (por riesgo para su integridad o porque sus padres no pueden hacerse cargo), porque fue abandonado, porque la familia manifestó su deseo de no hacerse cargo o porque los progenitores murieron. Es entonces cuando el niño, niña o adolescente es llevado a un hogar o a una familia sustituta.

Es un paso transitorio para proteger al niño mientras se intenta reanudar el vínculo con su familia de origen, incluyendo a abuelos y hermanos. Si esto no es posible, el juez busca otra familia entre los inscriptos en el registro de postulantes para la adopción del mismo lugar de residencia del chico, y si no se encuentra se amplía la búsqueda al Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, que incluye todos los postulantes a nivel nacional.”

Además hay que tener en cuenta que la Convención de Protección al niñx afirma que la adopción debe ser el último recurso para separar al niño de su familia. Es decir, que tampoco podes elegir tenerlo y darlo en adopción porque estaría violándose otro derecho.

Con la lógica adoptiva con la que se maneja Argentina, se avanza con la adopción, el juez selecciona y entrevista a los postulantes, preservando el orden de inscripción, la proximidad geográfica y las necesidades del niño, niña o adolescente, y establece cuál de ellos es el más indicado. Luego de un período de “guarda con fines adoptivos”, comienza juicio de adopción mediante el cual se le otorga al chicx la condición legal de hijx.

Entonces, con una beba sesimesina, una nena de 12 años embarazada producto de una violación, y una familia “poderosa” en busca de ésta niña nacida por una cesárea forzada son los protagonistas de una tragedia con tinte de tortura.

No salvaron a nadie y tampoco sanaron a nadie. Parió una nena menor de edad, habiendo exigido ILE (Interrupción Legal del Embarazo), la bebé –Esperanza-, sin la formación de los órganos correcta, luego de varios días, falleció.

Y yo me pregunto varias cosas ¿Esa familia “poderosa” habrá pedido la adopción de otro niñx cumpliendo con las normas establecidas en el sistema de adopción de Argentina o también el privilegio de clase se traslada hasta la apropiación de un bebé haciéndonos acordar a aquellas épocas del ´76?

¿Los que levantan el pañuelo celeste y militan la violación, un parto forzado tapado por un proceso altamente violento y de tortura hacia la menor de edad, con qué cara se posicionaran ante el cumplimiento de su capricho (entiéndase como el impedimento de llevar a cabo un aborto legal) y que su consecuencia haya sido la muerte de una bebé?

Azul Verzura


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