30 años sin Alfredo Zitarrosa

Hay episodios claves en el crecimiento personal. Uno de ellos, creo, es el momento en que te sentás en soledad frente a una pava de agua caliente para echar en el mate. Otro, sin dudas, es cuando te tirás en tu cuarto y ponés un disco para no hacer otra cosa que escucharlo desde el principio hasta el final. Eso, dedicarte a oir y nada más, conlleva una maduración. Ya no se vuelve a ser lo que era.Yo recuerdo uno de esos momentos, aunque estoy seguro que no fue el primero de los discos que escuché completo. Era uno de Alfredo Zitarrosa, un LP que tenía mi viejo metido en el altillo desde antes de que yo naciera. No recuerdo el nombre, pero tenía un dibujo de un amanecer en la tapa. Lo busqué y no figura entre su discografía oficial, por lo cual sospecho que debe ser una edición solo para la Argentina de un disco suyo. Zitarrosa era un cantante uruguayo cuyas canciones sonaban a rebeldía y coraje, a esas historias de los setenta que cada tanto dejaban relucir mis viejos o algún tío. Historias de una época que yo imaginaba más heroica, más romántica. El tipo, según había visto en una foto del interior del disco, se peinaba a la gomina y de traje, con pinta de guapo tanguero, pero cantaba con una emoción que parecía imposible en ese vozarrón impecable que tenía. Las canciones de Zitarrosa no te dejan seguir igual luego de que las escuchás. Yo crecí un poco prestándole atención.

Sebastian Pujol

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