Los derechos de un pueblo nacen inequívocamente del propio pueblo. Antes de ser tales, irrumpen a través de los actores sociales como exigencias. Si el pueblo se encuentra organizado dicho surgimiento tendrá una fuerza mayor que si las luchas se dan de manera individual. De una forma u otra, dicha exigencia requiere de forma indefectible de un gobierno que recoja el guante. Ese gobierno en la Argentina, casi absolutamente tuvo un rótulo: Peronista.

Las vacaciones que en estas fechas estamos disfrutando fueron una exigencia del trabajador durante décadas y fueron establecidas recién en Enero de 1945 por decreto número 1740 gestado desde la Secretaría de Trabajo y Previsión a cargo de un Coronel que poco a poco iba ganándose el cariño de los trabajadores: Juan Domingo Perón.

En estos tiempos de resurgimiento anti-popular (podría atreverme a decir anti-peronista pero no quiero dejar fuera a compañeros no autoproclamados) gorilas de poca monta como Fernando Iglesias y Federico Andahazi, ofrecen a sus mediocres lectores lo que desean leer e intentan refutaciones de conquistas peronistas que no son cuestionadas entre sus brillantes seguidores. Entre ellas, el aguinaldo, la jornada de ocho horas, el descanso dominical y, la que nos compete hoy, las vacaciones. Estos personajes se remontan al año 1933, para citar la ley 11723 que otorgó vacaciones pagas para los trabajadores del sector comercial. Sólo del sector comercial. En aquél entonces, en un país con un débil mercado interno, los empleados comerciales eran notoriamente una minoría.  Asimismo, la ley se aprobó en el Congreso en 1934 y sólo se implementó en la Provincia de Buenos Aires. Se entiende en esta parte que los mencionados “escritores” la vitoreen porque la misma terminó siendo representativa para un sector minoritario y virtualmente Unitario. Sus otras “refutaciones” tienen el mismo tinte; en alguna otra ocasión las atenderemos una por una. Antes de cerrar este párrafo nefasto, a través del cual aportamos datos para la discusión cotidiana, no quiero dejar de resaltar, aunque seguro lo habrán notado, que queda en evidencia una práctica común de estos muchachos: esbozar indirectamente intentos de reivindicación de una época añorada por la Oligarquía Argentina, la época pre-peronista, la conocida como infame y famosa por el fraude patriótico.

A partir de 1946, ya con Perón en la presidencia, se buscó fomentar los viajes de la población, resaltando distintos destinos turísticos. Mar del Plata y Córdoba fueron los principales atractivos. La oferta acompañó a la demanda y ambas se volvieron insólitamente amplias. Los sindicatos construyeron un sinfín de colonias, hoteles y hospedajes.  El rol de éstos fue fundamental en el hecho de transformar rápidamente a las vacaciones en una costumbre. El slogan “usted se paga el viaje, el gobierno el hospedaje” quedó grabado en una generación. Perón solía decir que era imposible pedir a las personas que amaran a su patria si no la conocían. También por eso las vacaciones fueron una cuestión de estado. La CGT y la fundación EVA Perón fueron los organismos encargados de dicha tarea. El derecho a las vacaciones pagas fue incluido en la reforma constitucional de 1949. Inclusive, al presentar el segundo plan Quinquenal, el presidente mencionó en su discurso: El Turismo Social tendrá como finalidad posibilitar el acceso de la población  trabajadora a los lugares de turismo y será organizado facilitando a los servicios de bienestar y asistencia social de la  asociaciones profesionales, la construcción de hoteles y colonia de vacaciones, y las franquicias posibles en los medios de transporte. No es un objetivo idea’. Está en plena marcha. Los trabajadores saben cuánto hizo el Gobierno y la Fundación Eva Perón en esta tarea de trascendencia social.

El resultado con los cabecitas negras invadiendo Mar del Plata y cambiando a nuestra gran ciudad balnearia para siempre es una historia que conocemos todos. Las clases altas se escandalizaron, como lo hacen cada vez que los de abajo obtienen un derecho o el acceso a un simple producto de consumo; como lo hacen cada vez que su exclusividad se ve afectada. Los cines, los teatros, todos los espacios de recreación vieron llegar a un nuevo cliente, a un nuevo actor social.  

Mendoza, Río Tercero, La Falda, Bariloche, Cataratas, vieron transformada su vida social. Una de las ciudades emblema del turismo social fue Chapadmalal. Allí, en tierras expropiadas a la familia Martínez de Hoz se construyó el complejo más grande del país. 19 hoteles, uno de los cuales tenía instalaciones exclusivas para los niños, esos que supuestamente serían los únicos privilegiados. Este complejo fue víctima luego del abandono de los distintos gobiernos militares. En la actualidad, es destino de muchos de los fines de semana de ocio del presidente.

Las vacaciones no son siquiera puestas en duda por las generaciones actuales. Están instaladas en nuestra conciencia como algo prácticamente inevitable. Simplemente existen, están firmes en nuestra cultura. Sin embargo, son un derecho que tiene menos de cien años. Muchos menos que, por ejemplo, nuestra federación de fútbol y que la mencionada Ciudad de Mar del Plata, 79 menos que la Sociedad Rural Argentina, 75 menos que el diario La Nación; la misma cantidad de años que muchos otros derechos. Los vaivenes económicos del país y la pérdida de terreno de los distintos sindicatos producto de los gobiernos militares y del neoliberalismo, fueron la causa de la debacle del tipo de turismo social. A su vez, el gran crecimiento poblacional produjo que se multipliquen las ciudades y los destinos turísticos del país. Hoy la oferta es mucho más amplia. La demanda no. Encima, a partir del nefasto uno a uno se transformaron en destino distintos puntos del extranjero.

Cabe aclarar, que en aquella fiesta de los noventa a la que muchísimos no fuimos invitados, quienes viajaban al exterior eran exclusivamente las clases más pudientes y algún que otro privilegiado de clase media alta. Este furor por los viajes al extranjero fue producto del resurgir peronista que fundaron los gobiernos Kirchneristas. El buen pasar económico de la mayor parte de la sociedad permitió que muchos miraran hacia afuera y cumplieran sueños impensados para nuestros abuelos o incluso padres. Doce años de bienestar económico y social que surgieron de la cabeza de Nestor Kirchner y Cristina Fernandez, que levantaron a un país de una de las crisis más grandes de la historia. Juan Pablo Baylac, el asesor que durante la crisis ponía la cara por De La Rua supo decir que no tenían plata ni para el papel higiénico de la Casa Rosada. Poco tiempo después, los argentinos se pasearon por Europa, el Caribe y hasta muchos se empezaban a aventurar en lugares como Asia o África. Se olvidaron de su país, lamentablemente no sólo para vacacionar.

Debido a la recesión sostenida que viene produciendo el gobierno Radical-Pro, sumado a la disparada del valor del dólar, muchos de esos están eligiendo actualmente a nuestro país como destino vacacional. Se dieron cuenta de que la costa Atlántica seguía allí junto al Mar Argentino. Están descubriendo la belleza del Sur, del Norte, los distintos puntos de Córdoba, las Cataratas, Mendoza. Están conociendo el país. Ojalá que aquella premisa de Perón logre cumplirse y este nuevo modo de turismo permita que adquieran un poquito de amor por la patria.

Sergio Delbreil

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