Los Bachilleratos Populares como una alternativa a la exclusión educativa – Ayer y hoy

Los Bachilleratos Populares (BP) surgieron masivamente en la Argentina entre los años 2002 y 2004. Nacieron como una resistencia al avance del neoliberalismo impulsado en la década de los noventa, que en el campo educativo había cambiado el paradigma mediante la sanción de la Ley Federal de Educación. La precarización educativa, el deterioro de los salarios y de las condiciones laborales de los docentes, la decadencia de la infraestructura de las instituciones escolares y, sobre todo, la desocupación y la pobreza, fueron motivo de una profunda grieta en la educación, sobre todo en la que involucraba a jóvenes y adultos. Desde distintas organizaciones sociales se comenzó a gestar una fuerza que luchó (y lucha) contra las nefastas consecuencias educativas provocadas por las políticas neoliberales, apuntando a una transformación social. Hoy, en un contexto tan parecido y a la vez distinto al de aquel del 2001, la educación está sufriendo nuevamente los golpes de dichas políticas y es momento de ver cómo seguir resignificando estos espacios de educación popular.

Un poco de historia

Luego de la crisis económica del año 2001, la sociedad argentina cayó en un período de gran pobreza, desempleo y desesperanza (el parecido con la actualidad no es en absoluto coincidencia). La escuela estatal pasó a ser más un espacio al que los niños acudían a tomar una taza de leche, que una institución educativa. La “educación de calidad” se trasladó definitivamente a los colegios privados y, por ende, era de acceso exclusivo, dejando relegada a gran parte de la población. Este panorama desolador aisló por completo del sistema educativo a niños, jóvenes y adultos de los estratos más desfavorecidos, marcando con mayor profundidad las diferencias sociales y culturales entre las distintas clases económicas. Si bien la precarización de la educación se observó en todos los niveles, los jóvenes y adultos fueron quienes sufrieron la mayor exclusión. Es en este contexto, donde diversos movimientos sociales concentrados en agrupaciones políticas, fábricas recuperadas, cooperativas, desocupados y vecinos de los barrios más humildes, decidieron tomar cartas en el asunto. Surgieron entonces, los primeros BP, con el fin de reinsertar en las prácticas educativas a aquella franja excluida de las instituciones, pero desde una perspectiva distinta: el objetivo fue (y es) repensar la escuela, la educación, al sujeto estudiante y al sujeto docente, las relaciones, los roles, la enseñanza (el acto de enseñar) y el aprendizaje (el acto de aprender).

Una nueva mirada pedagógica

Al nacer en un contexto de desigualdad y de pobreza extrema, los BP surgen con una perspectiva educativa distinta a la dominante en las escuelas oficiales. Si bien las experiencias en el campo popular son diversas (basadas en distintas ideologías), es un eje de todas por igual, la reivindicación de la educación como un derecho social y como motor de toda transformación posible.

Los primeros BP (“IMPA” en CABA y “Raíces” y “Simón Rodríguez” en el barrio Las Tunas, Tigre) comenzaron sus proyectos político-pedagógicos en espacios alternativos, de manera autogestiva y autónoma. Fue (y es) una característica propia de estas escuelas comunales, promover una mirada crítica respecto de las prácticas educativas formales. En los siguientes años a su surgimiento, tanto en la provincia de Buenos Aires como en Capital Federal, el número de BP creció significativamente, manteniendo como punto central, un cambio en el paradigma educativo.

Esta nueva mirada emergió de pedagogías alternativas que comprenden a la educación como una práctica liberadora y emancipadora. La “Pedagogía del oprimido”, fomentada por el educador brasileño Paulo Freire, es la base de esta nueva concepción de los procesos de enseñanza y de aprendizaje.

Seria en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes

desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas

percibir las injusticias sociales en forma crítica” Paulo Freire.

Los Movimientos Sociales que llevaron a cabo la creación de los BP, comenzaron a pensar en esta nueva educación comunal a partir de una premisa que los unió pedagógicamente: toda práctica educativa debía ser liberadora, emancipadora y democratizadora. Desde un lugar completamente crítico, se cuestionó el orden social, cultural y económico, y se comprendió que encuadrar a los procesos de enseñanza y de aprendizaje en un espacio neutro, era no reconocer la carga política inevitable que posee el acto mismo de educar.

Si la escuela tradicional se basaba en la verticalidad y en la exclusión, si su método de enseñanza era expositivo y la evaluación un sistema de premios y castigos, si su propósito era formar sujetos pasivos que no comprendiesen la sociedad pero que fueran funcionales a ella, esta nueva escuela debía construirse sobre cimientos completamente opuestos. Es entonces cuando la Pedagogía del Oprimido (entre otras pedagogías críticas) se postula como una alternativa de cambio en las prácticas educativas. Los agentes debían repensar su rol en los procesos, tanto el educando como el educador, para desterrar los conceptos (caducos) de “ALUMNO-SUJETO PASIVO / VACIO DE CONOCIMIENTOS” y “PROFESOR-SUJETO EXPOSITIVO / POSEEDOR DEL SABER”. Desde esta perspectiva fue preciso comprender que el docente tiene la responsabilidad de enseñar y el estudiante tiene el derecho de aprender, pero esta relación no debe ser nunca una relación de poder, sino más bien una relación de amor. Una experiencia en la que todos los agentes resurjan con mayor sabiduría. Para ello fue preciso correrse del miedo y colmar el aula de preguntas (incluso de preguntas sin respuestas) y reconocer al ESTUDIANTE y al DOCENTE como SUJETOS CON HISTORIA, con sus propios saberes:

“Una pedagogía diferente en contenido y forma es una pedagogía del diálogo y no del discurso monolítico; de la pregunta y no de las respuestas preestablecidas. Es una pedagogía de lo grupal y de lo solidario, frente a las que reproducen el individualismo y la competencia. Es una pedagogía de la libertad frente a las que refuerzan la alienación; de la democracia y no del autoritarismo; de la esperanza, frente a las que afirman el fatalismo histórico” (Claudia Korol, referente en Educación Popular, “Caleidoscopio de rebeldías”).

Vera Suárez – Nico Bernero

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