Rey de azúcar y la reinvención de la música

Le preguntaron a Fito, respecto de Mariposa Tecnicolor, si no le parecía que estuviera abusando de las letras bonitas, alegres. El flaco de Rosario respondió con su grandeza característica citando su propia canción “la melancolía de vivir en este mundo y de morir sin una estúpida razón” y agregando más o menos así: ¿hay algo más trágico que eso? lo terrible se puede decir con una melodía alegre, llega más y se digiere mejor. Esto lo supieron enseñar Lennon y McCartney cuando cantaron Help Me. De esa escuela, salvando distancias, vienen los Fabulosos Cadillacs.

Viví mi infancia y pre-adolescencia rodeado de música debido a la influencia de mi hermano mayor. Mi habitación respiraba música. Los parlantes ocupaban un espacio que bien podría haber sido ocupado por otra cama. Por suerte, éramos sólo tres y entraron junto a nosotros con sus gigantes y desproporcionadas dimensiones ochentosas. Lejos de los pendrive actuales, los CD también requerían un importante espacio por lo que tenían muebles de tamaños proporcionales a su cantidad. En mi pieza, estaba repleto de ellos y era común estar diez o quince minutos para localizar uno. En ese contexto, Los Fabulosos Cadillacs fueron la primera banda con la que me propuse una locura que aún me persigue en estos días: completar la discografía de mis favoritos.

Esa locura era compartida con dos amigos del barrio. Uno de ellos lo conservo y participa también en Revista Marfil. Quizás aquella locura era una señal de cierta empatía duradera que traería aparejadas nuevas locuras. Nos propusimos dicha conquista cuando el furor por el disco de grandes éxitos Vasos Vacíos hacía estragos en las disquerías. Vasos Vacíos no tenía ningún tema nuevo, pero el nuevo mundo Capitalista de principios de los noventa había entendido que el nuevo formato musical (el mencionado CD) merecía volver a versionar éxitos viejos o ni siquiera eso, simplemente volver a venderlos. De esos años son la mayoría de los discos más vendidos de nuestra historia. Nobleza obliga, la calidad del audio con respecto a los poco a poco obsoletos

Cassettes era infinita. Por lo tanto, los consumidores teníamos un rédito importante.

Rápidamente conseguimos adquirir varios de los discos de los Cadillacs anteriores al éxito de Vasos Vacíos: Yo te avisé, El Ritmo Mundial, El Satánico Dr. Cadillac y El león. Enloquecimos descubriendo temas nuevos, al menos para nosotros. El disco Sopa de Caracol ya se encontraba reposando en mi casa pero no nos gustaba en absoluto. La adquisición completa se vio trunca porque jamás conseguimos el primer álbum: Bares y fondas. La discográfica no lo vio como una posibilidad de venta y quizás los músicos no insistieron demasiado dada la baja calidad musical del mismo. Con el tiempo, la locura de completar discografías se trasladó al maestro Charly García y a la inigualable banda californiana The Doors. En ese lapso, salió Rey de Azúcar, un nuevo disco de los fabulosos. Inmediatamente, lo reconocimos como el mejor de la banda. Con el tiempo, la

adolescencia y Jim Morrison me llevaron hacia otro tipo de tendencia musical, al punto que llegué a renegar en ocasiones de aquél fanatismo por las canciones con melodías festivas. El tiempo, empecinado en transcurrir, me hizo re-significar todo aquello.

Leyendo Las Venas Abiertas de América Latina, la obra fundacional de la historia Latinoamericana, del brillante Eduardo Galeano fue que me topé con el capítulo El Rey de Azùcar y otros monarcas agrícolas. Recuerdo como hoy haber desempolvado los CiDis. Ahí estaba. El nombre del disco respondía a aquél trágico capítulo y recién ese día caí en la cuenta que una canción se titulaba exactamente igual que el libro del escritor uruguayo. Ahí gritaba Vicentico la letra de Flavio: despierta aborigen, responde a tu origen. El resumen de un capítulo de Las Venas que nos enseña cómo el Azúcar fue traído de Europa para destrozar los campos de las islas del Caribe y el sudeste brasilero y cómo las grandes masas de esclavos africanos llegaban para trabajar y morir en los

ingenios latifundistas y, por supuesto, también en las minas. Están allí la pobreza de los

desgarrados campos de Haití, República Dominicana, Barbados, Cuba. ¡Rey de azúcar! ¡Potosí! Claman los Fabulosos.

El disco canta contra las desigualdades a partir de melodías pegadizas y bailables. Desde la primera estrofa de su primera canción y gran éxito Mal Bicho, anuncia: escucha lo que te canto/ pero no confundir/ es de paz lo que canto/que me hablas de privilegios/de una raza soberana/superiores inferiores/minga de poder/cómo se te ocurre/que algunos son elegidos/y otros son para el descarte/ambiciones de poder. Posteriormente, la canción Ragga Punky Party Rebelde va en lamisma sintonía. Paquito cuenta la historia de un pibe que aparentemente se declara homosexual, Miami le pone voz a un Cubano diciendo “dios está mirándonos a todos nadar hacia la boca del enemigo”.

Continúa el disco con bonitas melodías que cantan penurias en Carmela, Ciego de amor, Muerte querida, Saco azul, Estrella de mar. Cuenta también con la mejor versión Argentina de un tema de los Beatles: Strawberry Fields For Ever. Gracias a esa versión, me adentré en el mundo de los genios de Liverpool.

Mi fanatismo retomado en estas líneas me llevaría a no omitir ninguna canción pero me detendré para ir a la última re-significación que me permitieron. A la última prueba de que la música no envejece, las letras se reinventan cuando uno las vuelve a abordar en el transcurrir de la vida. Me volví a enamorar, como quien se encuentra con un viejo amor y ve superada la belleza del recuerdo, cuando escuché: Bajando del monte hacia la ciudad/la gente que ya no puede vivir así más/ bajando del monte sin nada que perder/ el fusil en el hombro la esperanza partida /el alma endiablada y la mirada perdida/He is a bandido he is a bandolero / lo llamaba Somoza y se llamaba Sandino. El extracto corresponde a la canción Hora Cero que es un reconocimiento a un desconocido por estas tierras, Sandino, el revolucionario Nicaragüense y su epopeya de no haberse rendido aún cuando todos sus compañeros estaban dispuestos a hacerlo. Como cuenta Ernesto Cardenal en el poema homónimo a la canción, el general a cargo se ve obligado a decirle al ejército norteamericano: todos mis hombres se han rendido menos uno.

Los Fabulosos sacaron otros discos, nos hicieron llorar a todos los que somos padres con Vos sabés, y siguieron el camino de la lucha y la memoria con nuevos excelentes temas. Después se separaron, como casi todas las bandas de aquellos años. Al día de hoy, entre mis discos sigue ausente Bares y fondas, el primer inconseguible disco. Aquellos buscadores incansables nos contentamos con una grabación en cassette cuyo paradero desconozco. Escuchamos sus canciones cada tanto en alguna noche nostálgica a través de Youtube. La búsqueda está abandonada. Salvo que aquél viejo amigo extraviado, como buen Sandinista, no se haya rendido todavía.

Sergio Delbreil

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