A más de dos años de su muerte, hoy me desperté pensando en uno de los personajes (quizás el más) controvertido de la segunda mitad del Siglo XX y principios del Siglo XXI. Hoy: me desperté pensando en Fidel.

Busqué las repercusiones en ese gran mundo llamado Internet, y sólo encontré unas pocas páginas que me llevaban a algún diario o análisis. Con una mano me alcanzaba para contabilizarlas. La mayoría de esas páginas hablaban de Fidel de forma peyorativa, mencionando que con él se iba todo lo que quedaba del Siglo XX, con él se iban las interpretaciones políticas, las divisiones ideológicas, ese conflicto digamos un tanto “pasado de moda”. Con su ausencia, y el “fracaso” de su modelo, el capitalismo se posicionaba como el ganador de todo esto.

Sin embargo, creo que la disputa no terminó. El Siglo XXI aún nos encuentra con relatos totalizantes que buscan imponerse como la  única verdad aceptable, los viejos enemigos, los viejos fantasmas siguen dándole identidad a determinados conflictos que lo único que hacen es desviar la atención de las nuevas demandas sociales y culturales. Demandas que son diversas y heterogéneas y no únicas y homogéneas como se quiere plantear. En este siglo todavía existe el miedo de los poderes concentrados y las grandes corporaciones, a las mayorías populares, a la igualdad y equidad, a la Revolución. Para aquellos la muerte de Fidel representa el fin de los movimientos de izquierda que se inspiraron o se inspiran en la revolución cubana como una forma de lograr soberanía política y sobre todo económica a favor de lo más desposeídos.

Dicho esto, el objetivo de este artículo de opinión es repensar el liderazgo de Fidel, el régimen y el socialismo del Siglo XXI, en un mundo convulsionado por la guerra, la crisis climática, la pobreza mundial y la concentración de las riquezas en pocas manos; un mundo dominado por un capitalismo salvaje que día a día se lleva las vidas de los que menos tienen. En definitiva, el objetivo es reflexionar sobre la Cuba de Fidel y el Fidel de Cuba.

La Cuba de Fidel.- La Revolución cubana representó una irrupción al sistema vigente, la institucionalidad de ese momento no había logrado justicia social, ni equidad, ni inclusión, ni igualdad. Estos se habían convertido en significantes vacíos, es decir, estaban completamente ausentes. Esta Revolución no se produjo por un deseo caprichoso de sus dirigentes, sino por las fuertes demandas insatisfechas radicadas en el espacio social, demandas que se convirtieron en los eslabones de una identidad popular. Es importante destacar que no se puede entender a Fidel de forma aislada, lo mismo es prácticamente imposible, porque su figura surge dentro de una generación en la que encontramos a Mandela y al Che, en un contexto en el que Argelia y Vietnam se sublevaban contra sus imperios colonialistas. En donde casi toda Asia y África seguía dominado por viejos imperios occidentales y América Latina veía pasar sobre ella el terrorismo de Estado, las cruentas dictaduras amparadas por Washington. Esta pluralidad de demandas es la que fue interpelada por Fidel y la revolución, se planteaba un cambio de régimen y una reestructuración del espacio público. Fidel y Revolución se convirtieron en sinónimos.

El liderazgo de Fidel se fue construyendo (digo construyendo, porque no creo en la naturaleza ni en la imposición del liderazgo) en la medida que las masas fueron adhiriendo a su idea de revolución, aquella que  logra su cometido derrocando a Batista (apoyado por Washington) aquel 31 de diciembre de 1958, dando comienzo a una profunda transformación que lleva más de 50 años.

La Cuba de Fidel, a pesar del hostigamiento exterior permanente, y el devastador embargo comercial que Washington le impone a la isla desde hace más de cincuenta años, tuvo resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general. En educación y salud, en investigación médica, la Cuba de Fidel ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Fidel de Cuba.-  Mientras tanto, Fidel soportó la embestida de diez presidentes estadounidenses que no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera alterar el rumbo de la revolución; tuvo relaciones con los principales líderes pos segunda guerra mundial que van desde  (por mencionar algunos) Nasser, Gandhi, Allende, hasta Juan Pablo II, lo que hizo destacar la fuerte actividad diplomática del mandatario.

Al embargo económico se le sumó, la guerra ideológica y mediática contra La Habana liderada por Washington desde Florida (lugar donde también tiene sede varias organizaciones terroristas hostiles al régimen cubano); y la persecución a intelectuales que osaban tener algún tipo de contacto con el líder cubano, como lo sucedido en Francia y España, cuyos diarios oficialistas eliminaron todo rastro del periodista Ignacio Ramonet (“un asesinato simbólico”) por publicar un libro titulado “Fidel Castro, Biografía a dos voces” donde se presentan conversaciones entre el presidente de Cuba y el periodista. Fue tan intenso el ataque que el Fidel de Cuba recibió por parte de los países abanderados de la democracia y la libertad de expresión,  que las autoridades cubanas aplicaron (a su manera) la frase de San Ignacio de Loyola: “en una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”.

Se me ocurren dos casos emblemáticos como ejemplos: uno, es el del poeta Heberto Padilla, quien había dejado la poesía para trabajar por la Revolución. Un día, a comienzo de 1970, comenzó a hacer críticas a la política cultural del Gobierno y fue acusado de servir al imperialismo y de traicionar a la Revolución. Otro, es del cantautor Silvio Rodríguez quien ha sido el ícono ideológico-cultural de la “revolución cubana” por décadas, lanzó un documental con motivo de sus conciertos por los barrios donde muestra, de forma bastante crítica cómo viven las personas en Cuba. A pesar de sus aportes a la revolución,  a raíz de sus críticas ambos fueron atacados duramente por el poder cubano.

El mandatario, comenzó en cierta medida a utilizar la lógica de acción de sus enemigos, encerró a disidentes, los cuales fueron tomados como delincuentes, y provocó el exilio de otros; la Isla fue por tal motivo,  acusada por organismos internacionales de violar los Derechos Humanos. Se dio una situación en donde, el mismo poder que había provocado tanto beneficio y desarrollo para su pueblo, se eternizo a tal punto que terminó hundiendo en el desánimo y la asfixia a quienes no formaban parte de la privilegiada nomenclatura.

Actualmente, a pesar de estas contradicciones, se la apoye o se la critique o incluso se la apoye criticándola, Cuba es por encima de todo un pueblo que ha pasado tiempos muy difíciles y que los sigue pasando en la actualidad. Situado en un contexto de países dependientes y repletos de miseria, de fuertes desigualdades, con una distribución de las riquezas completamente desigual,  Cuba mantiene en la actualidad una cierta dignidad en su lucha contra el vecino grande y en el mantenimiento de ciertas ventajas sociales inimaginables en cualquier otro país del Caribe, a pesar de ser también un hervidero de problemas económicos y sociales. En efecto, y continuando la reflexión, concluyo pensado que, como dice Ramonet, en el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la injusticia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Isla, Fidel Castro le guste o no a sus detractores- tiene un lugar reservado. El masivo adiós al líder cubano por su pueblo, entre llanto y lágrimas, me lo confirman.

Lo que pasará con Cuba es una gran incógnita, aunque personalmente sostengo que no va a ser tan fácil desarraigar un sistema con tanta carga simbólica para el mismo pueblo cubano. Pero la muerte de Fidel nos permite redefinir una nueva frontera política, una nueva identidad para la izquierda que ya no se define por la oposición totalitarismo y democracia, sino dentro de la democracia moderna donde conviven muchas comunidades que no pueden tener prioridades unas sobre las otras. Dentro del pueblo cubano y ya bajo el mando de Raúl Castro conviven múltiples identidades desde étnicas, hasta religiosas; el mundo ya no es bipolar, tampoco único y homogéneo, a pesar de que algunos todavía así lo crean o así lo quieran. Por lo tanto, el régimen cubano tiene la posibilidad de redefinir sus límites, hacer una nueva interpretación de la igualdad y la libertad bajo la lógica de la equivalencia y volver a establecer una relación de solidaridad entre las demandas insatisfechas.

Cuba es un país que a pesar de sus grandes avances en salud, educación e investigación, tiene a más del 50% de su población subsumida en la pobreza debido al bloqueo económico, por ende canalizado estas demandas sociales de forma tolerante y plural, aceptando el carácter particular y limitado de sus reivindicaciones, la cuba socialista no tiene por qué temer puesto que aún puede construir una identidad popular. Al fin y al cabo, la democracia  no es algo acabado sino que es frágil, algo nunca definitivamente adquirido, pues no existe ‘umbral de la democracias’ que, una vez logrado, tenga garantizado para siempre su permanencia. Por lo tanto, se trata de una conquista que hay que defender y reivindicar constantemente en pos de las mayorías populares.

 

 

María Florencia Ordoñez

 

Un comentario en “Hoy me desperté pensando en Él…

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