Te hace falta corashe

Nunca te dije “flaco, quédate conmigo”, fuiste vos solo nomás

¿Cómo pudiste, negro, no leerme? Te escribí para en mí no perderme

Duele la aguja fría ahora, como agua sobre la frente perfora

Yo no quería nada más que estar pegaditos un rato

Te sufrí ahora reposo serena mi canto

Limaste chabón, con la lluvia que hay querés que me quede allá afuera

Querés que me quede allá afuera

¿Qué es el miedo que se les nota desde lejos? ¿De dónde sale? Y sobre todo, ¿Por qué?

Nathy Peluso con su letra de “Corashe” nos empoderó a través de una energía indestructible y permeable junto con esa voz magnifica, y por supuesto, con un mensaje que más de unx quería transmitir.

A mi libre interpretación la palabra “coraje” es algo que hoy, está bastante ausente y no en el género femenino justamente. Demás está decir que una de las cosas más importantes dentro de este empoderamiento que surge en muchos espacios, tanto en la música, en la militancia, en los vínculos con amigues o con compañerxs, es destacable poder entender la nueva manera de  comprender y ver al otrx en cualquier tipo de circunstancia. El reconocimiento que hoy nosotres exigimos, es el reconocimiento que se nos fue quitado, eliminado y prohibido durante todo este tiempo. Pero llegó a su fin.

La era de la confusión, del cuestionamiento, del dolor inexorable y de nuestra perspectiva de género, reaparece “mágicamente” en todas las construcciones hechas y reproducidas por la sociedad y el sistema en el que habitamos. Es decir, que todo lo instituido cobra un giro, con un aire a un sismo de varios puntos, donde tenemos que tomar una decisión –ya sea no tomarla porque también no tomar una decisión es decidir-. La decisión puede tener cualquier índole: irte, quedarte, transformar, enojarte, llorar. Lo interesante de esto es que hoy tomamos una decisión conscientes de lo que compete tener un vinculo: la libertad es, al menos, entre dos y política.

Si bien no sabemos con qué nos vamos a encontrar a la hora de una birra, un vino o varios mates compartidos, algunas tenemos el privilegio (aunque esa palabra resulta confusa porque jamás los tuvimos), con respecto a otras, de poder identificar cuando NO. Cuando duele, cuando hay falta de respeto, cuando hay irresponsabilidad afectiva, cuando le falta y cuando no entendió el concepto. El que hoy algunas actitudes nos hagan ruido es un logro. Inmenso.

Recordando varias experiencias –muy seguidas unas con otras- de varias compañeras, propias, de amigas de amigas, tengo entendido y junto a muchas sesiones de terapia al compás de “no entiendo un carajo” saqué la conclusión que les hace falta un poco de coraje. O corashe.

Mucha libertad, mucho amor y respeto, muchas ganas de felicitar a las compañeras por su lucha maravillosa y por encima de todo, colgarse el pañuelo verde que tanto significado tiene, mucho “me quejo de estas cadenas que nos atan y hacen todo más toxico” pero a la hora de modificar esas actitudes seguimos actuando como varones que no tienen idea lo que está pasando a nivel político, ¿no?

Las redes sociales y la formación de los vínculos a través de Instagram, los likes, y muchos corazones rojos en cada selfie o alguna imagen que describa y promueva un poco de información de lo que somos, han generado formas de vincularse y de des-vincularse.

Estar en el 2018 y repudiar a las redes sociales creo que no es solamente una falencia que radica en la responsabilidad con la que implica manejarse con el mundo virtual, sino que también es una herramienta que muchxs adultxs utilizan para desmoralizar y desvalorizar la modernización de los vínculos actuales. El mito de que “las redes sociales son una mierda” nace cuando hay una falta de responsabilidad por sobre el uso de estas armas que parecen inocuas, pero son nocivas.

Tinder, las historias de Instagram, publicaciones en Facebook también son los inicios de más de un encuentro, y porque haya crecido desde un mensaje no le da menos valor, ¿o si?

Responsabilidad hay que tener en todos lados ya que –no seamos liberales- todo lo que unx haga provocará una consecuencia en el otrx. Y además, que la libertad es política.

Hay un fenómeno virtual relacional: El Ghosting.

La palabra “ghosting” nace de “ghost” que significa “fantasma” en inglés. El ghosting es la nueva manera de des-vincularse o terminar una relación de una manera no muy grata y por supuesto, sin aparecer. Quizás a más de una nos pasó la gran utilizada “no me contestó mas” o de un día para el otro dejo de aparecer en tus redes sociales. Mágicamente dejó de estar interesado por lo que escribís, publicas o haces. Sí, desapareció. No dijo ni chau. Y a nosotrxs, nos educaron para decir chau si nos vamos de un lugar.

Es ridículo, quizás, para algunxs estar hablando sobre esto; pero pasa. Estamos criadxs a través del mundo virtual, aprendámoslo a usar. Realmente hay que ponerse a re-pensar la responsabilidad de los vínculos que formamos y llevamos a cabo con estas maneras de generar relaciones. Y a su vez, de entender que existe una persona del otro lado de la pantalla que está altamente condicionada, creada, y reproducida por la lógica vitural (y tener en cuenta el uso potencialmente patriarcal que requiere presentarse y posicionarse ante ellas)

La mayoría de las veces los varones nos “ghostean”. Se van, dejan la puerta abierta para ellos y hasta un poco entornada (sin dar ningún tipo de explicación). Dispuesta a que, únicamente, ellos la abran del todo. El chico presente en tus fotos, en tus publicaciones, aplaudiendo lo que haces, pensas y reclamas, de un día para el otro se va. Pero, hay que aclarar, que no se va de cualquier día para el otro; se va después de verse, de concretar un encuentro privado y sobre todo, después de coger. No es necesario que “ghostee” únicamente luego del primer encuentro, ya sabemos lo amplios que son los varones con los vínculos.

Principalmente debemos normalizar la responsabilidad afectiva. Sé que la construcción sustantiva “responsabilidad afectiva” genera un poco de miedo y confusión. La responsabilidad afectiva nace en cualquier vínculo. Es entender que existe un otrx atravesadx por un contexto igual o diferente que el unx mismx. Es poder ver más allá del ombligo propio y poder comprender que en un encuentro, por lo menos de dos, debemos dejar el egoísmo hiriente y el narcisismo violento de lado. Es preguntar si llegaste, percibir si el otro o la otra esta comodx, es evitar hacer sentir mal con quien estas acompañadx. Y en cuanto a lo “afectivo” se refiere a la empatía que requiere sostener esta responsabilidad de que cada acto que yo lleve a cabo en un bar, una cama, una mesa, una cena, un café, debo entender y ser consciente que generará consecuencia en el otrx porque somos seres que vivimos en conjunto.

Entonces, irte sin motivo, escapar, dejar al otrx sin respuesta, desnudx, vacío, genera consecuencias. Genera dolor, incertidumbre, un sentimiento raro y con gusto agrio. Decir “no me gustas más” es mucho más sano que evitar y no hablar.

Imagínense como repercute esto en una mujer que intenta liberarse de las cadenas misóginas que nos ataron, invitar a salir a un flaco que más o menos es piola y parece tener materia gris, y luego, te ghostee. Que no aparezca más. Que se borre. Por cualquier motivo que sea, avisá. Si no te gustó, si no te enganchaste y ves que el otrx sí, frena.

Deshagamos el mito de que tenemos que gustarle a todxs, que debemos parecerle bellxs a todxs. Deci que no. Deci chau. Ándate y no escribas más. Entende que generas cosas, consecuencias y que detrás de cada mensaje o encuentro, existe alguien. Eso, es responsabilidad afectiva. No es necesario amarse y ni siquiera quererse. Es necesario empatizar, dejar de mirarse el ombligo, dejar de estar ciegx.

En fin, chabón, no lo hagas más. Como dice Nathy Peluso, nene afrontame ¿o te hace falta coraje?

Azul Verzura

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