La trinchera subjetiva

Cada año que pasa resulta más claro que la vida pública y privada se definen a partir de la dimensión virtual. La globalización ha creado una integración absoluta y es en las telarañas de la red cibernética en donde se desarrolla la mayor parte de la subjetividad del ser. No estaríamos descubriendo nada si decimos que quien controla las pantallas, controla al humano. Lo que hay que quitarle para someterlo es la conciencia. En función a este objeto, el sistema ha ido construyendo sus dispositivos mediáticos, que con el transcurrir del tiempo se  transformaron en monopolios que capturan los razonamientos a través de distintos formatos.

A pesar de la desigualdad en las condiciones de lucha, en cada una de estas versiones mediáticas existen resistencias que combaten las hegemonías. En este sentido, la batalla cinematográfica si bien se presenta de manera elegante y sutil tiene una densidad que envidiaría cualquier Stallone. A fin de brindar un ejemplo, tomaremos la obra Riff Raff del director ingles Ken Loach. Esta película narra la realidad de un grupo de obreros londinenses que en 1990 viven las consecuencias de las políticas neoliberales del thatcherismo. Un momento en el cual existe una tendencia que desintegra los tejidos sociales a través de los ajustes propuestos por los gurúes de la economía de mercado.

Este tipo de obras adquieren un considerable protagonismo al contraponer a la espectacularidad hollywoodense de marcianos, amores imposibles y terroristas en la sopa, una visión social de las clases bajas y sus dramas en el seno de la civilización europea, no en la periferia más extrema, sino en la Inglaterra actual.

Hay una escena central que expresa el compromiso. En un momento, a la mitad de la jornada laboral, un obrero se encuentra frustrado por su vida miserable y decide ir al departamento de muestra que tiene la construcción a tomar una ducha. En el medio del baño, aparece una vendedora acompañada por dos potenciales compradoras musulmanas, que a juzgar por la vestimenta aparentan ser de las ramas más ortodoxas.  El trato hacia ellas de parte de la empresaria es sumamente cordial. No hay rasgos de desprecio, miedo ni sorpresa. Al contrario, se disculpa efusivamente por el comportamiento de un compatriota. Una posible interpretación podría ser que si existe temor es hacia la pobreza. Hacia los musulmanes pobres. Los musulmanes ricos son bienvenidos y bien atendidos. Esta escena es un verdadero acto de “terrorismo”. Desnuda una retórica construida para homogeneizar un discurso muy alejado de la realidad. Un misil de cinta dirigido hacia los popes del poder mediático occidental que llenan las pantallas grandes con mareas de películas antiterroristas, construyendo un estereotipo musulmán fundamentalista y suicida.

En estos tiempos en donde lo virtual ha cobrado una fuerza arrolladora, el cine es una carta que todos quisieran dominar, ver es más importante que creer. No es una mera parte de la vida cotidiana, sino la vida cotidiana misma. El cine social tiene una ardua lucha por delante.

Entiendo que esta reflexión es pesimista pero no tengo elementos para pensar de una manera diferente. Ahora, ¿Qué busca el poder mediático con su inagotable voracidad de poder? Estoy lejos de creer que las cuestiones sociales se puedan definir por una única causa, sino que el matiz es central en todo análisis. Pero hay fenómenos que son más sustanciales que otros. En este caso, se podría suponer que el principal objetivo es el continuo relleno de contenido. El sujeto resulta ser un recipiente que debe llenarse hasta agotar cualquier razonamiento. El sujeto receptor, imposibilitado de cualquier tipo de constitución de ideas originales.  De esta forma,  se aseguran la chance de construir el entramado del sentido común que les será imprescindible para sostener un sistema de valores. Así podrán imponer políticas funcionales a sus privilegios y la resistencia será escasa o prácticamente nula.

El poder mediático no es único factor, pero está claro que es determinante. Thatcher utilizo a los medios como herramienta central en el ataque al movimiento sindical. El resultado fue un desmoronamiento letal para cualquier organización social. En el plano local día a día vemos un desaforado ataque a los dirigentes sindicales por parte del gobierno de cambiemos, según ellos la causa de todos los males. Desde los metrodelegados hasta aerolíneas. Desde las organizaciones sociales hasta camioneros. Tapas y tapas de diarios que construyen el colchón argumentativo en donde el discurso gubernamental descansa y el sentido común nace.

En el mundo de hoy este sentido funciona como paradigma. Para ser un sabio solo hace falta conocer las respuestas a preguntas previamente configuradas. El saber esta cuestionado y se impone una universidad del sentido común. ¿Por qué no enseñar todas las respuestas a las preguntas que se van a ir presentando en cada etapa de la vida, y que ya sabemos de antemano? El poder con sus garras intenta homogenizar el sentido y diseñarlo, cubriéndolo de una capa impermeable al razonamiento propio.

La reflexión nos lleva de esta manera a una categoría en construcción contemporánea, la posverdad. Miente, repite, acribilla de contenidos que algo quedara. Pero la cuestión resulta más compleja. Porque las personas se están convenciendo de algo que saben que no es real y aquí radica uno de los principales triunfos del sistema. No solo quitó la duda, sino que también, ante la certeza de que un hecho no es cierto, el ser esta eligiendo creerlo si se adapta a la configuración de su sentido. El paroxismo del sentido común.

No es que no haya esperanzas, la batalla cultural aún se está dando y mientras que existan detractores la colonización pedagógica seguirá incompleta. Pero no podemos negar que en la correlación de fuerzas hay una clara ventaja para aquellos sectores de los eternos privilegios. No queda otra que seguir fomentando las obras y sectores que lleven los estandartes sociales como bandera. Aquellos espacios que brindan la posibilidad de visualizar las penurias de los de abajo, que otorgan un lugar de expresión a los que siempre han estado en silencio y que habilitan la zona de reflexión. No es ni será fácil, pero como canta uno de los tangos más hermosos que tenemos: “Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina.”

Ignacio Calza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s