Es un afano suspéndalo

Todos seremos visitantes. Mañana cuando comience a rodar la pelota en una especie de partido internacional por los porotos, se jugarán noventa minutos inéditos: River- Boca en el Santiago Bernabéu, en España.

Los memes, las indignaciones periodísticas falsas, ocultan un robo continuo y que ha despedazado al fútbol argentino. Que no tiene fondo, que no tiene fin porque el límite se corre siempre en desmedro del juego. El foco en lo dirigencial, en el negociado es un eslabón. Porque creo que merece algo de introspección y autocrítica de cómo vivimos el fútbol.

Yo creo que como dice la canción de León “El fútbol se lo comió todo”, hoy ocupa un lugar central que no es acaparado por ninguna otra institución política, social, institucional.  La cultura del aguante es un hecho que atraviesa todas las clases sociales sin distinción, hemos tenido programas que hacían un Ranking de canciones de hinchadas argentinas, que le ponían micrófono a la gente que el único discurso que podían enhebrar es la inexistencia del otro, la negación del semejante: “No existís”

Dejamos de ver la cancha. Para ver la tribuna. Se valoró socialmente que un verdadero hincha sufre, se mortifica y cambia su semana, su humor, si su equipo gana, pierde, empata. Se exaltó como nunca que el único lugar de pertenencia es el Club. Aunque no puedas ir a la cancha, aunque te cagan palos, aunque los baños e instalaciones sean Chernóbil: “Señores yo dejo todo… me voy a ver a”

Yo mismo me he encontrado cantando que se mueran todos, que son cagones, que los vamos a matar… dirán que es una metáfora, pero en nuestro fútbol la palabra y el acto son reales, desde 1922 hasta acá murieron 322 personas. 322. ¿En verdad creen que son barrabravas solamente?   

Como un juego de pinzas el periodismo bombardea en programaciones de 24 x 7 con un mensaje claro: Hay que ganar, no importa cómo, el que gana tiene razón. El que mañana pierda entrará en crisis, dejará de existir como Club. No podrá salir a la calle por veinte días como dijo el Presidente. Acomodarán sus discursos a la realidad.

Nuestro fútbol en calidad es un verdadero asco. Hoy se valora una buena patada al rival más que un cambio de frente que pasa inadvertido. Tenemos jugadores de segunda o tercera línea. Peor aún nuestro modelo agroexportador (¿crackexportador?) se viene agotando, un jugador más o menos aceptable técnicamente juega menos de una año y se va ya no a destinos de primer nivel: Arabia; Fútbol norteamericano; Rusia entre otros. Pienso en voz alta, ¿Cuál es el último jugador de fútbol argentino que realmente la rompió toda? Hagan el ejercicio, qué jugador pudo romper las barreras de las hinchadas para que se lo reconozca, que de gusto verlo jugar, aunque no sea de tu equipo. Tendremos que remontarnos a quince años atrás por lo menos.  El robo no es silencioso, aunque nos hagamos los boludos.

Tal vez por eso, es que no tengamos más nada que dar. El mejor futbolista del mundo, argentino, jamás jugo en el fútbol argentino. Las entradas para ver los partidos no son populares. Volvimos también a la consumición obligatoria en los bares o colgarnos en páginas truchas. Pague para ver.

No tenemos más nada que dar o tal vez mañana será lo último, porque cuando ya no hay nada, lo que resta son los símbolos y el mejor partido del fútbol argentino se jugará en España.

Seremos visitantes todos y es una afano más.

 

Carlo Magno

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