Día de la Soberanía Nacional. Campaña arqueológica en Vuelta de Obligado.

Tuve la suerte de participar en algunas de las excavaciones del sitio histórico donde aconteció la batalla de Vuelta de Obligado. En los primeros años de la carrera de Antropología conocí al director de campaña, el DR. Mariano Ramos. Él y su equipo realizan excavaciones hace casi veinte años en la zona.

El campamento se instala frente a un paisaje increíble, en las costas del río Paraná. Se arman las carpas, se almuerza y se preparan todos los materiales para el trabajo de campo. Por la noche del primer día, llega la Cacique Qom Clara para celebrar el ritual que permite a todo el equipo trabajar y excavar la tierra con respeto.

Durante aproximadamente dos semanas, se trabaja mañana y tarde haciendo excavaciones, prospectando, tomando medidas,  haciendo entrevistas en el pueblo y en ocasiones haciendo arqueología subacuática.

Sobre un costado del río Paraná se encontró el emplazamiento de una de las cuatro baterías, un conjunto de cañones usado para la defensa en batalla. Fue allí el lugar en el cual más se trabajó. Dentro de los objetos que recuerdo haber encontrado con el equipo se cuentan: clavos de época, maderas quemadas, pedazos de cerámicas, botones y trozos de botellas de licor. Por supuesto, los restos armamentísticos más grandes y significativos fueron retirados luego de la batalla. Hoy en día se los puede ver en casa de algunos de los vecinos del lugar, aunque la mayoría se encuentra en el museo de Vuelta de Obligado.

Haciendo memoria sobre la batalla

Tres gruesas cadenas  amuradas a veinticuatro barcazas, cuatro baterías montadas sobre la pronunciada curva del Paraná y unos cuantos hombres precariamente armados, pero con mucho valor, fueron los protagonistas de aquella batalla de vuelta de obligado en la cual se les dio a entender a los poderosos del norte que esta nación era independiente y, por sobre todo, tenía coraje.

La mañana del 20 de noviembre de 1845 se desarrolló el enfrentamiento entre las fuerzas anglo-francesas y la resistencia nacional. Las potencias europeas contaban con una tecnología naval y militar notoriamente más avanzada que la nacional: buques de gran tamaño impulsados a vapor y una artillería de gran calibre. Por otra parte, las fuerzas nacionales, a cargo del general Lucio Mansilla, hicieron uso de la astucia y la estrategia. Sobre las barrancas del río Paraná, en la curva que obliga a maniobrar hacia la izquierda a toda embarcación que navega, instalaron cuatro baterías y varios cañones dispuestos hacia el centro del río. Atravesando a lo ancho del río tres cadenas y unas dos decenas de barcazas, algunas con explosivos, para evitar la navegación.

Se estima que el combate se extendió durante unas intensas ocho horas en las cuales la resistencia nacional combatió con agallas y firmeza, aunque no pudo lograr su cometido. La flota anglo-francesas quebró las cadenas y prosiguió su rumbo hacia el norte.

Esta fue una victoria parcial, ya que el combate se siguió desarrollando en distintos puntos del río Paraná y, luego de un año, la flota extranjera retornó su rumbo hacia el viejo continente.

El 20 de noviembre de 1845 fue el día en que la resistencia argentina, con valor y astucia, se atrevió a enfrentar y a ponerle límites a las potencias europeas y mantener su autonomía. Por eso, este día se recuerda como el “Día de la Soberanía Nacional”

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Tomás Kraenzlein.

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