Hannah, la hija de la criada

“Hannah es una niña de 5 años, su pelo es rizado y negro, su piel es morena. Hannah está en una edad en la que todo lo que empieza a vivir lo puede asimilar y recordar. Hannah usa vestido. Hannah viste de rosa.

La pequeña va a una escuela, elegida por sus padres para que le enseñen los buenos valores y costumbres. Ella crece en modales, aprende a ser obediente, a hablar cuando hay que hacerlo y a callar cuando se debe. Aprende a tejer, a bordar, a cocinar, a tener una apariencia soberbia pero dulce y delicada a la vez. Aprende a no insultar, porque eso es de hombres.

Hannah sabe que algún día se casará con un hombre de buenos valores y costumbres, sabe que con esfuerzo logrará ser digna de él. Hannah sabe que él será quien traiga el plato de comida, mientras que ella se dedicará a la casa, o buscará un trabajo que le permita criar a sus hijos, aunque sabe que tarde o temprano preferirá la primera opción. Ella no tiene muchas opciones, sabe que si no elige la familia, su destino biológico, siendo fértil será confinada a lugares menospreciados, violentos e inhumanos, será portadora de las peores injurias. Será considerada traidora de género.

Hannah cree que sólo hay una forma de amar, y es la que se da entre personas biológicamente compatibles, a ella le enseñaron que el amor es compasivo, es servicial y que no busca el mal. Sin embargo, le enseñaron muy bien que esto solo existe y se da en la posibilidad de procrear naturalmente, y si no es naturalmente solo es posible entre aquellos que unidos “son una sola carne”. A Hannah le enseñaron que todo tiene un orden divino, que ni la sociedad ni el individuo pueden ir en contra de eso. Ella aprendió que tiene que poblar la tierra, porque la tasa de natalidad bajó en su país por culpa de las mujeres. A Hannah le dijeron que si esas mujeres son fértiles, por la razón o la fuerza, cumplirán con su misión en este mundo. De lo contrario no son dignas de él. Además las mujeres embarazas se ven más bonitas.

Hannah ya no es una adolescente. Es una joven despierta, atenta e inquieta. Hannah perdió amigas y amigos considerados por sus padres “traidores de género”, “enfermos”, “lesbianas”, “homosexuales”. Ella no quiere seguir sola porque tiene miedo que la sociedad le ponga las mismas etiquetas. Pero quiere estar sola. El miedo aumenta. Ella no quiere ser madre, pero sabe que no puede no serlo. Ella quiere tener sexo, aunque no sabe si le va a gustar. Pero no quiere ser madre. Está en problemas. Aparece John.

John es un guardián, reconocido por el poder político, defensor del territorio. Es más grande que ella, pero sus padres consideran que hay que apurar los trámites aunque sea menor. Hannah no puede decir que no. Hannah no sabe decir que no, le enseñaron a ser condescendiente. Hannah no quiere que la toque. Lo hace igual. La penetra. Ella llora.

Hannah espera una hija que nunca quiso. Hannah fue violada, nunca tuvo opción. Su corazón está lleno de angustia, de dolor. Hannah escucha una voz en su interior, un grito ahogado que quiere salir. Una voz que desde lo más hondo ruega no vivir, ni crecer en ese mundo. Esa voz grita LUCHA”.

Hannah es la hija de June, fue robada a los 5 años. June era una mujer independiente, trabajadora, casada y con una hija. June cometió el error de casarse en segunda nupcias, ser hija de madre feminista y tener una lesbiana como mejor amiga. Es la criada de los Waterford y se la mantiene con vida sólo por ser fértil . Ella es el personaje principal del “Cuento de la Criada”, de la escritora Margaret Atwood, llevada a la pantalla televisiva en dos temporadas donde muestra una distopía, un futuro indeseable especialmente para las mujeres.

La vida de Hannah es un invento, un vuelo imaginario y distópico de quien escribe esta nota a partir del cuento (estoy en duda qué tan futuro y qué tan indeseable para algunos puede serlo). Pienso que para que esto no se dé hay que luchar, hay que repensar nuevos métodos y nuevas formas de enseñanza y crianza. Hay que repensar el poder. Hannah y June son ellas, son aquellas, somos todas.

Ma. Florencia Ordóñez

Politóloga.

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