Poli des-amor. Segunda entrega.

La siguiente crónica forma parte de una trilogía: tres notas, que se irán publicando en Marfil, de sucesos relacionados con el accionar policial en suelo argentino.

2 Retiro

Un día cualquiera de diciembre de 2010 cruzo la terminal de Retiro por primera vez en dos años vestido como lo hacía cuando no estaba yendo o viniendo del trabajo: pantalón corto de fútbol, remera lisa y unas zapatillas viejas.

Ese día de diciembre de 2010 en que no iba ni volvía del trabajo con zapatos, pantalón de vestir y camisa, un policía bigotudo me cierra el paso cuando voy en camino a los molinetes. El modo en que estoy vestido no es un detalle. Lo es quizás para algunas personas. Pero estoy seguro, cien por ciento seguro, de no equivocarme; de que cualquier otro día, uno de esos días de la camisa y los zapatos que odio tanto, hubiera seguido tranquilamente mi camino hasta el andén.

Segunda vez en dos años que algún policía me ve cara de testigo. Entre las tristes y despintadas paredes de una pequeña comisaría dentro de la terminal guardan a un pobre cordobés, flaco y desgarbado, que esconde dos o tres porros en un bolso, junto con unas artesanías que vende en la calle Florida para poder bancar su viaje a Buenos Aires.

Entro a la comisaría en miniatura, acompañado por el policía bigotudo. El cordobés de los porros tiene todavía el bolso cerrado. El tipo es un trotamundos fumador de marihuana. Pero todavía no lo sabemos. Hasta este momento todavía es un sospechoso, culpable de su aspecto. Rebuscando, por el fondo, encuentran una bolsa con cigarrillos de marihuana. Queda detenido, el policía bigotudo le compra una de las artesanías y yo tengo que dejarles mi autógrafo sobre la declaración.

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*

Pasan algunos años hasta que recibo una citación en mi casa para ir a declarar. Tribunales de Comodoro Py.

Esa noche no puedo dormir. Los juzgados me dan fobia.

Lo había descubierto una semana atrás, cuando tuve que ir a un juzgado para declarar por una ex compañera de trabajo que denunció a la empresa cuando la echaron. Fue suficiente que viera al abogado para entrar en pánico. Me llevó a un costado de la puerta y me dijo de principio a fin lo que tenía que decir. Algunas verdades, algunas mentiras. Para cerrar la conversación me ordenó que no dijera una palabra a nadie sobre esa “conversación”, que por ser ilegal de hacerlo pasaríamos el fin de semana tras las rejas. “Puta madre”, pensé. Estaba seguro de que iba a meter la pata, se iban a dar cuenta y marche preso.

Aunque no fuera por delatar esa supuesta “conversación” clandestina, terminaría preso igual, por algo, por cualquier cosa. En algún momento cometería un error, en algo mentiría y entonces al calabozo. Asustado hasta el pánico, pero también algo deprimido por el ambiente asfixiante y la proliferación de buitres, declaré tratando de acordarme el guión del abogado. Unos minutos antes había declarado un empleado de alto rango de la empresa que se sometió a las preguntas como si hubiera ido a comprar a un Mac Donald´s y le preguntaran si quería agrandar el combo.

*

Cuando empiezo a reponerme de ese día traumático, me llega la citación para declarar en Comodoro Py por el pobre cordobés de las artesanías. Pensando en que si no llego a tiempo a la cita van a creer que me niego a declarar y ahí sí me encierran seguro, llego dos horas más temprano.

Mi memoria no es de las mejores y si me equivoco en algún dato pueden tomarlo como falso testimonio. Eso, pienso, es definitivamente un problema.

Finalmente me toma declaración un pibe que ceba mate mientras escucha un disco de Nonpalidece. Realmente le importaba un carajo lo que tengo para decirle. Firmo algunos papeles, todavía tembloroso, y me voy casi corriendo.

Mientras bajo en el ascensor me imagino al cordobés fumando uno de los porros que había escondido en el bolso junto al pibe que escuchaba a Nonpalidece, en cualquier plaza con la oscuridad suficiente.

Eran otros tiempos.

 

René Ruiz

En el siguiente link podés leer la primera entrega:
https://revistamarfil.com/2018/10/20/poli-des-amor-primera-entrega/

Un comentario en “Poli des-amor. Segunda entrega.

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