Poli des-amor. Primera entrega.

La siguiente crónica forma parte de una trilogía: tres notas, que se irán publicando en Marfil, de sucesos relacionados con el accionar policial en suelo argentino.

1 Tigre

Un allanamiento es un hecho violento. La pérdida de un derecho, por el motivo que sea, hasta el más justificado, genera una tensión agresiva. El allanamiento va contra la voluntad del dueño de la casa. La policía rebusca y manosea, en algunos casos sin compasión. La pérdida de la intimidad, ser privado de la inviolabilidad de la propiedad, genera miedo y resentimiento.

Por otra parte, las personas que deben salir de testigos, elegidos al azar, pierden la posibilidad de elegir, el control de sus actos.

Algunos meses después de que me tomaran como testigo en 2008 para un violento allanamiento mientras esperaba el colectivo en la localidad de Acassuso, conseguí el teléfono de una abogada de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI). Le pregunté si existe algún tipo de regulación sobre el cuidado de los testigos. La respuesta fue un “no” absoluto y terminante.

-¿La policía puede hacer lo que quiera con los testigos?, le pregunté sorprendido.

-Mirá, el testigo es necesario para cuando se producen secuestros de elementos. Tiene que estar presente en el momento en que se abre el cajón y se encuentra el arma, porque si se la muestran cuando ya la sacaron del cajón y la pusieron sobre la mesa, lo que él va a poder declarar posteriormente es que la vio arriba de la mesa y no que estaba guardada en otro lado. Es fundamental que los testigos entren junto con el personal policial. Pero no hay ningún tipo de reglamentación sobre cuidados para con los testigos. Eso queda librado al sentido común de los policías.

-Y si se creara una reglamentación para el cuidado de los testigos, ¿no contribuiría a que la gente sea menos reticente a contribuir?

– Lo ideal, y esto es el punto central, sería que la policía no entre a las casas a los tiros.

*

Todo empieza cuando estoy esperando el colectivo. Se acerca un policía alto y gordo, junto con otro petiso y flaco.

-Policía -se presenta el petiso. El gordo señala un escudo en su campera. Me piden los documentos y me informan que voy a tener que acompañarlos: necesitan testigos en un allanamiento. Yo pruebo con la excusa más original que se me ocurre, pero no logro ablandarlos. Me suben a una camioneta junto con otros tres asustados desconocidos. Vamos a participar de un allanamiento por drogas.

-¿Dónde?

-No sé.

-¿Cuánto va a durar?

El policía petiso se da vuelta sonriendo.

-Dos horas. Nosotros vivimos de los testigos. Ustedes son nuestra prioridad.

*

Después de una parada en una comisaría, partimos en tres autos particulares y una camioneta hacia la localidad de Tigre.

Los policías llevan chalecos antibalas. Nosotros, los testigos, “la prioridad”, levamos miedo. Nada de chalecos antibala para “la prioridad”. A medida que los chalets de clase media del centro de Tigre se convierten en casillas y el asfalto en tierra, los autos comienzan a acelerar.

Uno de los vehículos frena frente a una remisería, los otros dos en la puerta de una casa particular. Gritos, armas desenfundadas, patadas a puertas y demás.

El instinto me obliga a agacharme bajo el asiento. Los demás testigos se retuercen asustados.

Diez largos minutos en los que “la prioridad” queda sola dentro del auto.

Imagen relacionada

*

La gente empieza a salir de sus casas y a caminar junto a nosotros. El barrio parece un hormiguero alborotado.
Nos llevan a lo de un vecino. El presunto narcotraficante al escuchar los gritos había tirado unos paquetes con merca al otro lado de la medianera. Los testigos sostenemos los paquetes con droga mientras le sacan fotos.

Terminada la sesión fotográfica vamos a la casa del dealer a través de un pasillo angosto. En la última vivienda hay un hombre, esposado de pie frente a su mujer y sus cinco hijos menores de edad, al costado de la heladera.

Las horas siguientes las pasamos en familia.

Los policías abren los paquetes, vacían el contenido en un papel y le vuelcan un líquido azul. La reacción química constata que se trata de cocaína. Con lujo de detalles y con ese vocabulario rígido y estricto que solo los policías y algunos periodistas son capaces de hablar, suben a una computadora jurásica todo lo que ocurre.

*

La cara del tipo esposado se me hace conocida. Pero no puedo precisar de dónde. Pasan las horas y él también parece reconocerme.

-¿Por qué nos tienen acá? – pregunta el más grande de los hijos. No podía tener más de quince años.

– Vos quedate piola donde estás, – y la respuesta fue como una cachetada. El pibe se levanta del tacho de pintura en el que está sentado, molestando al policía. Como muestra de poca paciencia, lo agarró del brazo y lo esposa. La madre llora, el padre intenta sacarse las esposas que se aprietan todavía más, los policías desenfundan, los vecinos empujan la puerta queriendo entrar y los dos testigos miramos el piso.

Calmados los ánimos, llega el momento de seguir buscando pruebas.

*

Junto a uno de los policías, subimos una escalera hasta un pasillo que conecta los cuatro dormitorios. El hábil policía procede a hacer la requisa de un modo práctico y sencillo: si quiere revisar detrás del televisor lo empujaba al piso, si intenta buscar en el placard, saca la ropa y la desparrama en el suelo, si quiere ver debajo de la cama, la da vuelta. De esta manera, va destrozando y nosotros pisando los destrozos. Recolecta celulares, cámaras de fotos y agendas.

Llegamos al cuarto de la hija mayor. Las paredes están forradas con posters de estrellas de rock. Sobre la cama hay una guitarra eléctrica.

-Mirá esto loco –dice el policía, asombrado como un nene, antes de agarrar la guitarra.

-Eso sale caro –le explico.

-¿Vos entedés algo de esto?

-Es una Gibson Les Paul. Muy buena viola -le explico.

-Enchufala loco –Se sienta en la cama y saca la púa de entre las cuerdas.

Volvemos al living con todas las “pruebas” en una bolsa.

El esposado pregunta quien estuvo tocando la guitarra.

*

De golpe me acordé. Unos años antes, ese flaco desgarbado y esposado junto a la heladera y frente a sus hijos y su esposa, había colaborado con un comedor para cartoneros en una plaza de San Isidro en el que yo había participado. El tipo que se queja porque las esposas le aprietan las muñecas, iba a buscar su plato de guiso todos los jueves, solitario, fumando un porro, comiendo en paz, ofreciéndose para ayudar a cocinar. En aquellos días dormía en una plaza.

*

Pasan algunas horas más y siguen cargando datos en la PC que hace ruido a máquina de cortar pasto. Leen los derechos del detenido, que se queja de las esposas que lo lastiman y sus hijos tienen hambre y se lo dicen a su madre, hasta que es hora de irnos.

Es medianoche y no habíamos probado bocado. Un tipo de bigotes da el visto bueno para que dejemos la casa. Entra, caminando seguro, enfundado en una campera deportiva y hablando por celular. Anuncia que nos tenemos que ir, que ya está todo hecho.

Salimos al pasillo. Los policías caminan con el arma desenfundada y sus chalecos antibalas y yo con un pulóver en pleno invierno, bajo una llovizna molesta, acurrucado atrás de un policía gordo. En la puerta nos espera un grupo de vecinos, Los familiares lloran. Por suerte, nadie quiere rescatar al detenido.

Nos suben a la caja de la camioneta y nos llevan a la remisería donde están los otros dos testigos. Bajaron la PC y caigo en la cuenta de mi suerte: hay una sola PC y los otros dos testigos tienen todavía algunas horas más de espera.

*

Salimos rápido a la panamericana. Yo voy en el asiento trasero de un Ford, acompañado por la mujer, a la que se llevan por cómplice, y que me mira resignada. Al otro testigo lo hacen bajar a un costado de la panamericana. Mi casa queda camino a la comisaría.

Llego, como, lloro y me tiro a dormir. Haber sido “la prioridad” fue traumático.

René Ruiz

2 comentarios en “Poli des-amor. Primera entrega.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s