La falsificación como política de la historia – Arturo Jauretche

La historia de un pueblo es el cimiento de su cultura. Hemos escuchado decir y repetir en numerosas ocasiones que la historia la escriben los vencidos pero en escasas de esas ocasiones la temática viró hacia el esbozo de una crítica de nuestra propia historiografía. Realizar esa crítica, enfrentarnos a los contenidos, confrontarlos y desenmascararlos, sería enfrentarse, confrontarse y desenmascararse a uno mismo. La historia aprendida se nos instaló de niños y no sólo por medio de las instituciones escolares, también por la repetición de nuestros propios familiares y amigos. Un revisionismo histórico es fundamental para poder avanzar como pueblo. En mayor o menor medida, cada uno de los gobiernos populares intentó avanzar en la materia. Ante sus respectivas caídas, los reaccionarios gobiernos oligárquicos ajenos a lo popular se defendieron con sus históricos viejos argumentos. Por eso mismo, hoy, ante un gobierno que responde con su gigantesco aparato mediático judicial y con sus animalitos impresos en los devaluados billetes de la moneda nacional, es fundamental repasar y re-versionar los conceptos de nuestra historia.

A continuación, un extracto de fragmentos del apartado “La falsificación como política de la historia”  del libro Política nacional y revisionismo histórico, volumen 7 de las obras completas editadas por Corregidor, de uno de los mejores de los nuestros, Arturo Jauretche.

[…] Lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que esta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la nación.

[…] La historia falsificada fue iniciada por combatientes que, en el mejor de los casos, no expresaron el pensamiento profundo del país; por minorías que la realidad de su momento rechazaba de su seno y que precisamente las rechazaba por su afán de imponer instituciones, modos y esquemas de importación, hijos de una concepción teórica de la sociedad en la que pesaba más el brillo deslumbrante de las ideas que los datos de la realidad; combatientes a quienes posiblemente la pasión y las reacciones personales terminaron por hacer olvidar […] los límites impuestos por el patriotismo para subordinarlos a intereses y apoyos foráneos que, estos sí, tenían conciencia plena de los fines concretos que perseguían entre la ofuscación intelectual de sus aliados nativos.

[…] Si no hubiera pretendido ser “la historia” sería la lógica deposición de una parte de los actores, los vencedores de ese momento inicial de Caseros, solos en el escenario por el aniquilamiento o el sometimiento de sus vencidos. […]

La revisión de la historia ha puesto ya en evidencia que todos los conflictos que han precedido a Caseros no han sido más que los distintos aspectos de la lucha entre un país que quería realizarse, según su modo americano y tradicional, y la finalidad británica de acomodarlos a su esquema imperialista.

[…] Conforme al esquema de la división internacional del trabajo el destino del Río de la Plata era ser proveedor de materias primas. […] Porque la política liberal de Inglaterra (y agrego de todo Imperio económico) está planificada, paradoja que no quieren comprender los liberales, […] Es lo que no comprenderán quienes viendo la política de progreso promovida por Gran Bretaña y sus ejecutores locales no perciben que ese progresismo en una dirección es el que a ella le conviene y no al país, y genera la economía distorsionada que padecemos, con la hipertrofia portuaria y la extenuación del interior; el desarrollo agrícola ganadero y la obstaculización del desarrollo industrial. […]

[…] Es que la estructura propuesta para Argentina supone una reducida clase terrateniente, una mínima clase media, necesaria para la intermediación, la burocracia del estado y la escasa técnica que demanda esta economía primaria y simplista. En una palabra, el típico país productor de materias primas del mundo colonial, con una clase señorial poderosa y con una población de “pata al suelo”. […]

[…] había que impedir el desarrollo de una economía de la industria y la población que creara a los exportadores la competencia de un fuerte mercado interno como ocurriría necesariamente en el caso de una economía auténtica y por lo tanto armoniosa. […]

Que los hombres de Mayo hayan corrido el riesgo de esta política económica – riesgo necesario al precio de la independencia – se comprende y se justifica. Que los rivadavianos y sus continuadores hayan perdido toda la noción del interés nacional bajo la seducción ideológica y bajo el deslumbramiento de las ideas de moda y por simiesco afán de imitación se comprende; no es tan fácil de comprender su preocupación por achicar el ámbito geográfico del país, porque eso no estaba en ninguno de los países de los que tomaban como modelo, pero se explica en la fantasía imaginativa con que sintiéndose europeos en América, el espacio y la magnitud les pareciera un obstáculo para realizar su “París en el Rio de la Plata”. Pero esta comprensión demasiado generosa no puede tenerse para los vencedores de Caseros y los falsificadores de nuestra historia, pues si la actitud simiesca de aquellos puede servirles de atenuante, en este caso el afán de imitación debió llevarlos precisamente a una política nacional de la economía con solo inspirarse en los ejemplos de Estados Unidos y Alemania, que tenían delante.

Todo lo leído, apenas fue una humilde extracción. Recomiendo enérgicamente ampliar la lectura abordando el libro completo del gran Arturo.

A él, infinitas gracias.

Sergio Delbreil

Otra nota jauretcheana: https://revistamarfil.com/2018/11/13/moral-nacional-y-moralina-domestica/

 

Un comentario en “La falsificación como política de la historia – Arturo Jauretche

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