Reseña del libro “Ernesto Guevara, también conocido como el Che”

“No hay lectura inocente. Hoy sabemos que la segunda oleada de la revolución latinoamericana se estrelló y fracasó, que el modelo industrial que el Che planteaba para la revolución cubana funcionó en el corto plazo y se fue desgastando en el mediano, sin su estilo y su vigilancia.; incluso leeremos el libro sabiendo cual fue el destino final de la operación del Che en Bolivia. Y aun sabiendo todo esto, quisiera lograr que el libro se leyera como una historia que sucede mientras se va narrando.”

No encuentro mejor manera de comenzar esta reseña que citando el comienzo del libro del que voy a hablar, Ernesto Guevara, también conocido como el Che, una extensa biografía de casi novecientas páginas escrita por el mexicano Paco Ignacio Taibo.

Este fragmento inicial del prólogo resume en parte el espíritu del libro, publicado originalmente en 1996 y con varias reediciones ampliadas y modificadas a medida que aparecía nuevo material sobre la vida de Guevara. Como aclara el autor en el prólogo, se trata de un libro vivo, que sigue ampliándose y cambiando, “una especie de alien provocador y mutante”.

Taibo logra que leamos la vida del Che Guevara -una de las grandes vidas del siglo veinte, ¿quién puede dudarlo?- como si estuviera desarrollandose a medida que vamos pasando las páginas. Desde los orígenes hacia las consecuencias para, de esa manera, no viciar la perspectiva, con un ritmo y una propuestaintencionada. No busca demostrar pericia en el encuentro degrandes primicias: la novedad del libro radica en los enfoques.

El detalle con el que relata, con humor y dramatismo, cada uno de los pasajes de la vida de Ernesto es puntilloso: su niñez asmática, sus días de estudiante en Buenos Aires, los viajes por Latinoamérica, los cambios que se suceden en su pensamiento político a medida que sube por el continente, los años de la guerra revolucionaria en Cuba, la victoria, su trabajo como funcionario y comandante en la isla, la experiencia del Congo y, finalmente Bolivia.

Quizás lo más interesante del libro -lo es al menos para el autor de esta nota- sea el tratamiento que hace del trabajo de Guevara como funcionario en los primeros años de la revolución cubana, con especial atención a la labor como ministro de Industria. Un foco puesto en una etapa sin tiros, pero con iguales responsabilidades.

El día a día del ministerio, la política, su relación con los otros líderes de la revolución, sus viajes diplomáticos, el esfuerzo por industrializar el país, sus debates, sus discursos, la visita a las fábricas, la relación con Estados Unidos, el bloqueo, sus noches estudiando economía.

Pueden no ser los años más emotivos, ni los más heroicos. Sin embargo, es el relato de la creación de algo nuevo, del cambio de rumbo y la maduración de las ideas sobre como conducir el país. Es la manera de entender a este personaje de la vida social y política latinoamericana -uno de los más importantes- en todo su esplendor y significado.

Para el autor de la biografía la historia es un campo de batalla, un terreno en disputa. Es por eso que la lectura del libro no debe ser una lectura inocente. Ernesto Guevara, también conocido como el Che sale a discutir el pasado, a pelear el sentido, a decir lo que el autor cree que debe ser dicho, a contar a un personaje que merece ser contado y rescatado en toda su dimensión.

Paco Taibo no solo es un detallista incansable, sino que es también es un gran escritor. La lectura de la biografía es una tarea de enorme placer.Como muestra basta transcribir tan solo un fragmento del libro, el último fragmento, para así también abrir y cerrar la reseña con la voz del autor:

“Hay un recuerdo. Desde millares de fotos, pósters, camisetas, cintas, discos, videos, postales, retratos, revistas, libros, giras turísticas, cds, frases, testimonios, fantasmas todos de la sociedad industrial que no sabe depositar sus mitos en la sobriedad de la memoria, el Che nos vigila. Más allá de toda parafernalia retorna. En era de naufragios es nuestro santo laico. Más de 40 años después de su muerte, su imagen cruza las generaciones, su mito pasa correteando  en medio de los delirios de grandeza del neoliberalismo. Irreverente, burlón, terco, moralmente terco, inolvidable.”

Sebastián Pujol

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