Conciencia Corrupta

Hace ya tiempo aprendimos que el humano tiene varias formas de perder la conciencia y que el dormir es una de ellas. Un asunto biológico, que no puede evitarse por más que luchemos arduamente al sentir el peso de los parpados, se transforma en la madre de todas las quitas de la razón. Pero no es la única.

Podríamos discutir largamente si durante el proceso de descanso la mente elabora formas sustanciales de comprensión del mundo, sobre todo si nuestro interlocutor se llamara Sigmund Freud. Es probable que llegaramos a conclusiones muy diversas, el inconsciente descubierto por nuestro amigo psicoanalista es una zona oscura que nos trae aquellas cuestiones inexploradas de nosotros mismos y si bien puede alterar nuestras percepciones, no esta presente en la conciencia, momento en el cual elaboramos razonamientos.

Como decía al principio, el dormir no es la única forma de perder la conciencia. Esa seria, entre tantas, una manera individual y total de no estar consciente de la realidad, pero ¿qué pasa cuando la perdida de conciencia y por ende de cualquier tipo de análisis es colectiva? ¿y cómo puede darse?

Hay muchos conceptos que podrían utilizarse para ejemplificar esa suerte de somnolencia plural, pero hay uno que en estas épocas resulta muy útil por su protagonismo: la corrupción.

Si considero a la corrupción como un concepto es porque a través de la experiencia se constituye como tal. Es una actitud que estuvo presente en muchos procesos históricos y que a partir de su estudio permite entender el entramado de las estructuras sociales de una época dada.

En estos últimos tiempos, la corrupción es el eje central por donde pasa la opinión pública, y como sabemos, esa opinión publica esta moldeada. El bullicio flanero, la gloria de los cuadernos y el desfile de bolsos, han impactado profundamente en las conciencias de gran parte de la población. Tanto ha sido el avasallamiento que la maldita corruptela conquisto a la bella conciencia y se la ha llevado a la catrera, en donde solo de vez en cuando, mas de vez que de en cuando, el inconsciente trata de impulsar algún análisis económico, político o social, pero no lo logra. La conciencia se ha perdido en las tinieblas del sueño.

Solo una persona dormida no ve que una sociedad no puede pensarse desde un único plano, y mucho menos partiendo desde los valores personales. Quizás si nos quitáramos el antifaz, podríamos ver que las estructuras de poder son mas complejas que el individuo. Nunca estaré de acuerdo con el robo, ni del estado, ni de los privados, ni del limpiavidrios, ni del pibe que le roba al chino, pero eso no obtura la posibilidad de que cuando surge un hecho social, como el de los cuadernos, pueda pensar más allá de la indignación manifiesta y moral. Reflexionar, lateralizar, razonar y todos los ar habidos y por haber son cruciales para despertar la conciencia.

Si estamos conscientes las preguntas surgen unas tras otras, ¿el kirchnerismo invento la corrupción? ¿El macrismo no es corrupto? ¿Qué paso y que pasa en otras regiones? ¿Estuvo presente en la historia?

La corrupción entendida como sistema para sostener estructuras de poder – y en este punto dejare de lado las teorías de enriquecimiento personal tan elementales como el dicho son ricos no van a robar- viene de antaño.

Platón en Grecia imaginaba una republica ideal en donde los hombres que ejercerían el gobierno serian parte de la aristocracia, dado que de esa manera no tendrían la necesidad de sustraer del erario bienes para la subsistencia. El ocio era considerado una marca de distinción.  Uno de los detonantes de la revolución francesa fue el saqueo real para el mantenimiento de los lujos nobles. Por su parte, los teóricos de la revolución norteamericana, con Hamilton a la cabeza en momentos de configuración de la democracia, debatían sobre el financiamiento de la política.

En nuestro país, sin ir mas lejos, tuvimos un presidente preso por contrabandear armas a Croacia y Ecuador, ambos países atravesando procesos bélicos. El actual, en menos de un mandato tiene investigaciones por cuentas off shore, aportes truchos de campaña, conflicto de intereses y blanqueos escandalosos. Sus antecesores fueron un torbellino de reembolsos en obra pública.

Como vemos, el tema ha estado presente durante mucho tiempo, atravesando civilizaciones. Algo tan intenso y robusto como la corrupción debería pensarse desde su complejidad y no desde el bullicio mediático en el tiempo que dura el clic del control remoto.

La solución no está a la vuelta de la esquina. Solo mejorando las condiciones materiales del país mejorara la dirigencia que lo guie. Pero para esto, se necesitan políticas publicas en ese sentido: Educación, salud, trabajo, justicia, producción, etc. Los Finlandia y Noruega, tan mentados, lograron combatirla a partir del mejoramiento del conjunto de la sociedad, a partir de la disminución de algo central como la brecha de la desigualdad.

Debemos tratar de estar despiertos y conscientes, que no nos dejen en el limbo de la inconsciencia mediática, porque después las crisis nos explotan en la cara y no entendemos que pasa. Tenemos que despertar y tratar de descifrar que nos venden cuando nos venden corrupción.

Ignacio Calza

 

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