Flan Casero: La militancia del odio

Alfredo Casero fue gracioso alguna vez. Incluso aún en estos tiempos, bajo el libreto de un tercero, logra demostrar que sus dotes de actor humorístico tienen plena vigencia. Su problema radica en el libreto propio. Allí, el veneno de un odio incesante que recorre sus venas obnubiló su ingenio.

Alejandro Fantino con su irritable estilo de entrevistador aparentemente ingenuo logró, mal que nos pese, lo que casi siempre logra con sus invitados: exprimirles el jugo más visceral. Y allí, en las vísceras del ex cha cha cha sólo hay odio.

Ese odio es genuino. Encintado en un sector de la sociedad que levanta las banderas de la “meritocracia” pero que choca contra su propio fracaso personal y al hacerlo se consuela con el fracaso ajeno. Con la miseria ajena. Fundamentalmente con la miseria de aquél que se encuentra inmediatamente debajo de él en la in-escalable pirámide social. Incluso encuentra en dicho prójimo la causa de sus propios fracasos. En ése que osó durante un buen tiempo de creerse su par, pretendiéndose poseedor de los mismos derechos. A ése le llegó la hora de pagar el pecado de su atrevimiento.

Este breve análisis no busca esgrimir una crítica negativa sobre el mencionado sector, ni mucho menos culpabilizarlo. Simplemente mencionar que su actuación no hace más que adoptar, aceptar y repetir el accionar histórico de militar el odio. Desde los iluminados defensores de los Unitarios perseguidores de caudillos federales hasta los ingenuos desinformados durante el proceso militar que veían guerrilleros en cualquier barba, con su pico de esplendor en la famosa pintada que proclamaba “Viva el cáncer”; un sector medio de la sociedad que añora un tiempo que jamás existió detesta a los sectores populares y busca, para justificarse y vanagloriarse, de tener entre los suyos a personajes notables o faranduleros (cosa que para su sencillo pensamiento es lo mismo). Por estas razones, hoy bien recoge el guante del cómico y clama por su flan Casero.

Lo grave de la escena de esta semana que pasó no es este militante. Ni siquiera lo son las palabras de su nuevo ídolo. Lo realmente grave es que el propio gobierno se declare partícipe y se junte a vitorear la ocurrencia.

En estos tres largos años de gobierno macrista, el fomento del odio estuvo a cargo de sus medios serviciales de comunicación (me tomo la licencia literaria de escribir alterando las jerarquías reales). Esta aparición directa del ejecutivo en el escenario de despreciar a un sector social, realizada en medio de una avasallante persecución judicial a la líder del principal movimiento opositor, logra una crecida inflacionaria de los índices de odio que se puede comparar solamente con la crecida inflacionaria de la canasta básica o de la cotización del dólar. No obstante, este odio entre clases siempre ha existido y ha sido alimentado. Espantarnos sería no haber hecho un revisionismo de dicho mal social. Pero en la misma senda de revisar la historia, debemos resaltar que la participación directa de un gobierno en dicha disputa sólo ha traído como consecuencia el aumento de la crispación de la parte oponente. En ese aumento, las cosas inevitablemente terminan mal.

La utopía del amor venciendo al odio se torna imposible en un plano real dado que las batallas se libran irremediablemente en un escenario compartido. Sólo el odio puede vencer al odio.

La famosa grieta vendida desde los medios hegemónicos como un mal exclusivo del kirchnerismo se rememora en la actualidad. Se hizo viral un vídeo en el que legisladores oficialistas y otros integrantes del gobierno, incluido el presidente, posan cual equipo deportivo al cantó unísono de “queremos flan”. Todo canto tiene un destinatario y todo equipo requiere de un rival. A un año de las elecciones, el equipo Duranbarbista vuelve a plantear el escenario de mano a mano del 2015 volviendo a buscar en los votantes la elección visceral. La elección del odio.

Lamentablemente para el porvenir del país, el escenario ha cambiado drásticamente. La oposición, hoy en día, no tiene las mínimas garantías constitucionales y/o judiciales.  Inevitablemente, al final del oscuro túnel que es la era macrista, sólo se vislumbra crisis social, política y económica; caos. Se vislumbra inevitable, la violencia.

Sergio Delbreil

 

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