Sobre la conciencia y los derechos humanos.

Puede resultar devastador para la vida en sociedad lo que ocurre cuando los miembros de las instituciones dejan de cumplir su rol, y hacen todo lo contrario de lo que esta función les exige. Por ejemplo, en 2014, en la localidad de Moreno (Pcia. de Buenos Aires), cayó una banda organizada que se dedicaba a realizar secuestros exprés en el conurbano. En dicho procedimiento, llevado a cabo por la Policía de la Provincia de Buenos Aires (“La Bonaerense”), se descubrió que al menos diez de sus integrantes eran miembros de esta misma fuerza de seguridad. Diez, nada menos que diez. Ese domingo, cuando luego de una investigación que arrojaba que esta banda se movía en un auto, al ser detenidos, los policías a cargo del caso se encontraron en el interior de ese vehículo a otros dos policías uniformados, que dijeron en ese momento estar cumpliendo con un procedimiento. Si no hubiera sido porque los policías que los detuvieron desconfiaron de lo que sus “colegas” uniformados les estaban diciendo, la banda no habría sido interceptada. Por suerte, no fue así.

Por suerte; pareciera que casos como estos dependen en gran medida de la suerte. Cuanta más conciencia (y menos “suerte”) tengamos de que estas distorsiones en las instituciones se están dando, (de que se siguen dando), más oportunidades tendremos como sociedad de corregir estos desvíos de las funciones en los roles que les fueron asignados.

Conciencia: Kathryn Sikkink, profesora de Derechos Humanos en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, luego de estudiar los casos de ochenta y seis dictadores diferentes, encuentra que en aquellos países donde se enjuició a los dictadores y criminales, existe una mayor conciencia democrática que en países donde estos juicios no se produjeron. En este aspecto, Sikkink destaca que el caso de Argentina y su Juicio a las Juntas es un ejemplo, y determina que los países que realizaron este tipo de enjuiciamientos, tienen menos probabilidades de volver a padecer graves violaciones a los derechos humanos.

Pero también destaca que en la Argentina, a pesar del gran ejemplo para el mundo que los Juicios a las Juntas representaron, esto no impidió que en el transcurso del tiempo los militares intentaran otros golpes de estado, y que fueran efectivamente doblegados cuando se les quitó su poder económico.

Sikkink analiza que el gran problema subyace en que los derechos humanos no son un tema del que la sociedad tenga una profunda conciencia. Es muy importante que la sociedad civil posea mecanismos para impedir que se repita una violación a los derechos humanos. Y es importante que estos mecanismos estén encarnados permanentemente en el aparato del estado, por ejemplo, en el Poder Judicial. En la Argentina, particularmente, existen grupos muy importantes que son férreos defensores de los derechos humanos, como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Y es muy importante asimismo que haya grandes mayorías en la población pidiendo justicia ante estos casos; la visibilidad, la magnitud, y la repercusión social de estos reclamos deben caer con gran peso sobre las agendas de los gobiernos. Por eso, la conciencia social acerca de estos debe propagarse y repercutir debidamente en la población.

 

Mario Ortiz Tártalo

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