Jorge Adur, capellán montonero.

A fines de la década del sesenta tras  las conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizado en Medellín, un grupo de sacerdotes argentinos forman el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM). Su objetivo principal fue llevar la Iglesia a los marginados, ayudar en villas y barrios obreros, hablar sobre lo que un buen cristiano debe hacer con el prójimo. Pero también escuchar las diversas inquietudes que los fieles tenían sobre el contexto social, político y religioso. Pese a que el ala más conservadora de la Iglesia rechazaba los métodos  de los sacerdotes tercermundistas, ellos optaron por los pobres.

Los últimos años del sacerdote Jorge Adur tal vez resuman un poco lo que fue la década de los setenta. Miembro del MSTM, se integro en la comunidad del barrio Manuelita en San Miguel, ahí la dictadura militar lo fue a buscar, ahí no lo pudieron encontrar pero si a dos seminaristas que fueron desaparecidos. La pregunta de porque la dictadura vio en Adur alguien quien debía ser callado, podría remitir a sus días como sacerdote y confesor de adolescentes que vieron en el cristianismo y el peronismo el medio para  poder luchar contra la violencia y proscripción iniciada en 1955. O tal vez cuando acepto la capellanía del Ejercito Montonero, pese a la oposición del obispado de Buenos Aires o quizás cuando fue parte de la misa para despedir los restos del joven Abal Medina, líder fundacional de Montoneros. Adur tenía la condena de muerte, por eso y, como tantos otros compatriotas, el exilio fue la única salida posible.

Los años en el exilio los utilizo para intentar ver al Papa para denunciar los hechos aberrantes que sucedían en el país. La audiencia con el Papa no fue posible, pero si la denuncia en diversos medios extranjeros. Mientras Montoneros se formaba y preparaba la fallida “Contraofensiva” Adur estuvo con ellos en Europa y Asia, siempre alimentando el espíritu de su comunidad. Su plan de poder llegar a Brasil para poder ver al Papa se ve truncado cuando la dictadura brasilera lo secuestra y tortura.  Adur muere luchando contra la opresión en Argentina y latinoamericana, no lo hizo con un fusil en mano, pese que apoyaba la lucha armada en un contexto dictatorial, sino a través de sus palabras, fortaleciendo el espíritu diezmado de un pueblo que no podía ver la luz entre tanta oscuridad.

A continuación se reproducen las palabras de Adur  brindadas en su “Carta al pueblo Argentino” explicando el porqué de su decisión de aceptar la capellanía del Ejercito Montonero: “En esta carta quiero hacerles partícipes de mi decisión de asumir, personal y públicamente, la Capellanía del Ejército Montonero y responder así al pedido expreso de su Comandancia”; ya que “antes que nada es el Evangelio el que me dice cuando alguien te pida hacer mil pasos con él, harás dos mil. Pero es también, y sobre todo, la Iglesia, que busca la justicia y la debe practicar, la que me lleva a mostrar a mi pueblo la voluntad irrenunciable de acompañar a aquellos que asumen integralmente la lucha por la liberación de nuestra querida patria”.

 

Diego Leonesi

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