Selección Argentina – el eterno proyecto

Eso acá no existe” – Contestó el Coco Basile cuando le preguntaron por el proyecto que debía armarse para la selección. Y tiene razón. Acá el proyecto nunca existió.

Siempre nos creímos los mejores y actuamos como si realmente lo fuéramos. Recién cuando el flaco Menotti agarró la selección se planificó y se trabajó en consecuencia. ¿Proyecto? Sí, pero de un solitario extraño flaco de izquierda que dirigía a la selección de un país que viraba abruptamente a la extrema derecha. Luego, el éxito deportivo prosiguió en la comunión de un loco y un extraterrestre, el narigón y el diez. Más allá de esas circunstancias, el único proyecto que se siguió fue en juveniles con Pekerman y puede decirse que fue una de las épocas más doradas de nuestro fútbol.

Por eso mismo se convirtió a José en coordinador de selecciones nacionales; y ahí José se mandó la argentineada de que cuando se quedó sin técnico en la mayor se puso a él mismo (o aceptó eso, que para el caso fue lo mismo). El largo plazo al tacho. Y se volvió a la normalidad de intentar un equipo que jugara bien atacando y al fracasar éste cambiarlo por otro defensivo contra golpeador que asegurara el resultado; la ideología de Rosario contra la ideología de La Plata. Como en la literatura los de Boedo y los de Florida. Así somos, cambiamos sin atenuantes. En todo. MMLPQTP.  

Lo nuestro han sido históricamente grandes arremetidas individuales  para contrarrestar a los poderosos. Como si el gol de Diego a los ingleses fuera la descripción de nuestro fútbol. Hermoso, supremo. Una vez sale.

Nuestros rivales se fueron avivando y fueron creciendo. Las potencias se volvieron cada vez más potencias y los débiles  e inexistentes cada vez más competitivos. De esa forma, países como Chile o europeos de poca monta fueron realizando proyectos entorno a sus selecciones y crecieron. Hasta ganarnos dos finales los chilenos o alcanzarnos en mundiales los franceses. E incluso, creo que quizás estoy siendo demasiado benévolo con ellos que de repente encontraron resultados.

“El proyecto es elegir buenos jugadores, armar sociedades y entrenar en Ezeiza”, agregó el Coco en la entrevista televisiva. Y en esta no estamos de acuerdo con el maestro. Eso es lo que intentamos siempre y hace rato que no da resultado. Aunque en este instante estaría descontextualizando a Alfio porque el prócer racinguista se refería a juntar una selección local que entrene constantemente trayendo de Europa sólo imprescindibles. Ahí vamos llegando a un panorama más medio en el cual empezamos a acordar pero que merecería una discusión más profunda. Aunque sin querer, Basile da un proyecto. Uno que deje atrás el individualismo.

El tema es que el individualismo es uno de nuestros más grandes males. En el fútbol hace, por ejemplo, que cada club busque formar el jugador que los salve. También cada jugador busca salvarse, obviamente siempre bombardeados por la opinión de sus representantes. Representantes que tienen desde mucho antes de jugar en primera. Y cada uno mirando su propio ombligo busca ser una mercancía de reventa. Delanteros goleadores, extremos (hoy llamados así y muy cotizados por la moda europea de los tres atacantes), volantes ofensivos (lejos del desaparecido y amado enganche).

En cuanto se vislumbra en un joven una dosis de talento se lo forma para alguno de esos puestos. Nadie busca moldear un marcador de punta, nadie tiene tiempo para esperar un arquero. Los pibes que apenas muestran una habilidad son llevados al lugar de la cancha que cotiza en el mercado. Las sobras van al resto y así desaparecen los centrales que la paran de pecho, los marcadores que pasan con criterio, los número cinco elegantes. Los pibes malos cubren esos puestos y si no lo hacen los extranjeros. Los colombianos, Ecuatorianos, Chilenos y demás compatriotas de la patria grande también mandan sus delanteros a Europa pero aprovechan la debacle argentina para mandar para este mercado a sus laterales, volantes defensivos y arqueros. Y como para ellos todo es exportable, su fútbol crece día tras día. Y así encontramos en el mundial más jugadores de nuestra liga en otras selecciones que en la propia. No mejoraron los mencionados por amor al deporte tampoco.

Lo hicieron por mera conveniencia económica. Mera reverencia al dios dinero. El hecho es que hoy en día nos encontramos prácticamente en su nivel. Algún que otro delantero haciendo goles en grandes ligas sin la camiseta celeste y blanca puesta nos hace creer que somos más de lo que somos. Bombitas de humo.

Llegó la hora de reorganizarse. Sin dudas. Ahora bien, ¿Hay indicios de que eso puede pasar? ¿Hay elementos para hacerlo? La cúpula de la dirigencia se encuentra en plena lucha por el acéfalo poder. Una lucha totalmente lógica que políticamente se da inevitablemente tras la caída de un imperio. La AFA es un caos.

El poder ejecutivo nacional le debe al fútbol (y al unitario electorado porteño) la existencia de su líder. Los primeros pasos políticos del presidente se dieron en uno de los equipos más populares del país. De esa forma se empapó de pueblo el nombre de una familia emblemática del Establishment. Sería el momento indicado para devolver al fútbol el favor que les hizo. Nobleza obliga: sería hipócrita pedirle a Macri algo que nunca hizo un gobierno antes. No se lo vamos a venir a exigir justo al gobierno democrático más anti popular de la historia.

“Me hacen reír con el proyecto. Esto es Argentina. Si no llegas a la final de la Copa América o no la ganas, otra vez hay un quilombo bárbaro”, cerró la nota el Coco, Ídolo futbolístico de quien escribe.  Y tiene razón de nuevo. Así somos y así no(s) va. En tiempos en que las jaulas del Vale todo le ganan terreno a los Ring de nuestro amado Boxeo deberíamos ir aprendiendo que no hay nocaut, ni tampoco cesan los golpes, cuando besas la lona.

 

Sergio Delbreil

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