Divorcio diferido

Estaba en el despacho esperando la siguiente visita. Era un caso de divorcio,
por lo que me había comunicado la secretaria. Tras esa visita, empezaría el fin
de semana pero no de la misma forma como yo lo había diseñado.
Entró una joven de unos treinta años, morena y con buen tipo. Llevaba un traje
chaqueta bastante elegante a juego con el bolso. Se notaba un cierto nivel.
Tomó asiento, sacó un cigarrillo y no pude más que ofrecerle un cenicero y
tratar de adivinar de quién se querría divorciar aquella bella mujer.
Tras encender el cigarrillo, me miró con unos enormes ojos castaños y empezó
a contarme su historia.
—Sr. Thomson lo que le voy a contar es estrictamente confidencial y le
agradecería que nuestra conversación no traspasara estas paredes. La historia
es bastante irreal y no me gustaría que nadie me tomara por loca.
—Puede estar Ud. tranquila. Seré una tumba —añadí. Ella al oír la palabra
“tumba” se estremeció. Realmente no sé porque dije esa estupidez, no era
profesional por mi parte.
—Mis padres se quieren divorciar.
— ¿Puedo preguntarle por qué no han venido ellos mismos?
—Porque están los dos muertos.
En aquel momento fui yo mismo el que se estremeció intentando comprender el
alcance de sus palabras.
—Fallecieron hace unos diez años en un accidente de automóvil. Mi padre
conducía el vehículo, tras una fiesta y al tomar una curva chocaron con un
camión que venía en la dirección contraria. Los enterraron juntos en el
cementerio de la ciudad, en el panteón familiar.
La dejé continuar su historia, sin interrumpirla ya que aún no acababa de
comprender que esperaba de mí.
—Hace un año conocí a una médium que me aseguró que podía comunicar
con los espíritus de mis padres. Al principio no creí ni media palabra, pero al
asistir a varias de sus sesiones salí plenamente convencida de que era capaz
de ello. Mediante la ouija, se contestaban todas las preguntas que yo les hacía
y de allí salió información que solo mis padres podían conocer. Hablo de
pequeños detalles íntimos, familiares, imposibles de conocer por nadie más.
En ese momento, llamaron a la puerta. Era mi secretaria que quería saber si
necesitábamos alguna cosa antes de marcharse.

Sin darle permiso para entrar y a través de la puerta la despedí. —Váyase
Margaret, no necesitamos nada. Que tenga un buen fin de semana.
Miré, disculpándome con la mirada por la interrupción, a la chica y le pedí que
continuara.
—A partir de aquel momento, un par de veces al mes mantengo unas sesiones
comunicativas con mis padres a través de la médium. Me ayuda a superar su
pérdida física —continuó sacando un nuevo cigarrillo.
Aproveché la pausa para introducir la pregunta. — ¿Y cómo sabe que se
quieren divorciar, se lo han dicho ellos a través de la médium?
—Sí, exacto. No se aguantan y no quieren pasar la eternidad juntos. Me han
pedido que los exhume, los separe del panteón familiar y se redacte un
documento de divorcio eterno. ¿Puede Ud. ayudarme?

Daniel Canals

 

 

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