Los argentinos Moscas

Un club de barrio, pequeño, amable, dominado por  viejos timberos, una cancha de bochas, un buffet, una cancha de fútbol cinco y mugre, mucha mugre, en cada rincón. Eso es Villa Tranquila, hace un tiempo rebautizado “Club Domingo Sarmiento”, porque al parecer la comisión directiva pensó que era más respetable. No tienen la más puta quién fue Sarmiento, pero conocen el himno y ya.

La composición de los órganos de gobierno es muy simple en Villa Tranquila; una comisión directiva la cual está conformada por algunos muchachos que se encargan de recaudar las cuotas sociales y después poner de su bolsillo, para pagar los servicios que sostienen al club como se puede. Uno de ellos, el pro secretario, medio en joda, propuso que las moscas paguen su cuota social, con esa entrada de dinero, Villa Tranquila sería más poderos que el Manchester United, de San Miguel al mundo. Y es que las moscas sobrevuelan como una gran ejercito las instalaciones.

A veces es mejor no recordar. Tita la dueña del Buffet del club me hizo pasar a la cocina, el Melli se había golpeado fuerte y fui a buscar hielo. Lo que vi me lo guardo, quedará en mi retina para siempre. Sólo diré que The Walking Dead es un poroto.

A veces es mejor no recordar.

Quedaba a la vuelta de mi casa el Villa Tranquila, era pibe y estaba al pedo. Todos estábamos al pedo, teníamos tiempo. Éramos libres o algo así. Los viejos estaban en la misma, por eso se ponían en pedo, se puteaban y nos hablaban a nosotros. Como el Mocho, ese tipo era un sabio. Él me explicó la teoría de las moscas:

-Vio lo que pasa con las moscas… estás lo más tranquilo, viene una mosca y te empieza a joder, uno naturalmente la espanta. Ella se va. Pero luego de un rato vuelve al mismo lugar, y es en ese sitio donde seguramente morirá… aplastada por nuestra torpe mano. En definitiva abatida por su propia estupidez

Luego el Mocho rememoró sus vivencias, como todo viejo. Pero conjeturó que los argentinos tenemos la misma lógica que las moscas y soltó su baranda a vino barato como así también sus verdades y heridas:

-Yo recién escuché algunos muchachos que decían: “A estos negros hay que matarlos a todos”; “Que vayan a trabajar a su país”; “Acá nadie quiere laburar”; “Estos zurdos de mierda”… y cosas así que los ubican en el lugar más cómodo: la ignorancia más profunda y manifiesta, el encanto simplificador, totalizador del no pensamiento. A comprar la carne podrida de los grandes grupos económicos-periodísticos… no sé si me llegas a entender…

 -Sí, sí, creo que sí. Pero igual lo dicen en joda los muchachos…no les interesa mucho la política…

El Mocho asintió con la cabeza. Pidió una medida de Branca.

Estaba apoyado sobre la mesa de naipes. Cerró los ojos, meditó un momento, puso su mano en la barbilla y largó:-Puede ser…pero en definitiva sabotean a su propio país. Son como las moscas… que olvidan quién quiso dañarlas, que no reconocen la mano del enemigo y que por sobre todo, mi buen amigo, por sobre todo comen… comen mierda…

 

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