La cárcel

“Usted debe escucharme con atención. Lamentablemente, lo que voy a contarle es la verdad. Encienda su grabador y regístrelo todo, por favor.

Hoy es 23 de noviembre del año 1972. Estamos en Villarino, provincia de Buenos Aires, Argentina. Mi nombre es Antonio Barrios Andrade, estoy viviendo mi primavera número 83 y sé demasiado como para morir sin más.

Si yo le dijera que la humanidad vive inmersa en una gran mentira desde el principio de los tiempos y que no somos la evolución de los simios ni de ningún otro mamífero ¿Me creería? No busque una respuesta adecuada que no me ofenda. Sé que piensa que esto es una locura y quiere levantarse e irse, pero si me da unos minutos más, le aseguro que su punto de vista cambiará.

Desde pequeño padecí una inteligencia desbordante. Me consideran un superdotado (parece que así suelen llamar a quienes vemos todo con otros ojos). Cuando niño las ciencias matemáticas, la física cuántica y los cuerpos celestes, me obsesionaban. Lo abstracto, aquello que conocemos sólo por ideas vagas y creemos, pese a no comprender verdaderamente, me quitaba el sueño. Los números, las estructuras subatómicas, los años luz (entre un millón de otras cosas), son parte de una realidad invisible que nos rodea y que aceptamos sin cuestionamientos ¿Acaso usted ha visto con sus propios ojos un electrón, un cuatro o un planeta? Por supuesto que no. Pero de todos modos sabe que estamos compuestos por átomos, puede contar cuatro lápices y conoce al planeta rojo como si fuese la palma de su mano.

A diferencia de usted y de la mayoría de las personas, comencé a replantearme estas verdades absolutas a muy temprana edad y, como se imaginará, no me quedé de brazos cruzados. A los treinta ya había viajado por el mundo entero buscando sabiduría, aunque lo único que pude conseguir fue un manojo de papeles que certificaban mis muchos títulos en diversas disciplinas. Me convertí entonces, en un señuelo irresistible para la NASA, para la Agencia Espacial Federal Rusa (creo que no eran agencias oficiales por aquel entonces), pero yo estaba poco interesado en formar parte de alguna de ellas. Sin embargo, esa idea cambió cuando vinieron a buscarme de la “S.A.T.-21”, una agencia internacional secreta que se encargaba, básicamente, de manipular la mente de las personas (por el bien de la humanidad, decían). Hoy ya no existe, al menos no con ese nombre. Ellos me ofrecieron un trato, un acuerdo que en ese momento me resultó irresistible: si yo lograba inventar un instrumento por el cual pudieran llegar de manera ilimitada a los cerebros humanos para controlarlos de manera subliminal, yo me convertiría en uno de los pocos seres humanos con acceso ilimitado a los archivos clasificados de los gobiernos más importantes del mundo. Aseguraron, claro, que el fin de esa manipulación era terminar con las guerras, con la violencia y no sé cuántas otras mentiras más. Debo reconocer que no dudé mucho y empecé a investigar cómo podía llegar a las grandes masas de manera innovadora y de forma tal que no pudieran resistirse a ser “manipulados subliminalmente”. Hoy estoy terriblemente arrepentido.

Con mi inteligencia y mi gran voluntad de joven entusiasta, no me demoró mucho comprender que debía inventar un aparato pequeño que pudiera estar en todos los hogares y acaparara por completo la atención de sus habitantes. Ese aparato debía ser capaz de reproducir imágenes constantes y dinámicas, videos y sonidos, para poder esconder allí los mensajes secretos: era preciso llevar el cine a las casas. Entonces investigué sobre el iconoscopio e inmediatamente me puse en contacto con el señor Zworykin, lo conoce ¿verdad? Al poco tiempo la televisión y los televisores eran una realidad. Sí, como escucha, yo he creado esa máquina infernal con el propósito de manipular a las grandes masas. Maldito sea el día en el que festejé mi invento. Por supuesto que yo no aparecí en ninguna patente, según dijeron lo hicieron para resguardarme. En ese momento les creí, pero no imaginaba que al poco tiempo mi nombre iba a desaparecer de todos los registros. Si usted busca datos sobre mi vida, mis estudios o mi invento, no encontrará nada. Me han borrado, soy un fantasma.

Inmediatamente llegó lo prometido: me entregaron unos cuantos archivos clasificados con información que no me sorprendió en lo más mínimo: acuerdos secretos entre gobiernos, planos de ciudades subterráneas, predicciones de catástrofes ambientales y otras tantas cosas sin ninguna importancia para mí. Llegué a mi casa y dejé todos esos documentos guardados en unos cajones como si fuesen diarios viejos. Sin embargo, al poco tiempo, una duda comenzó a carcomer mis pensamientos. No me pregunte exactamente qué me llevó a esa duda porque no puedo precisarlo, pero tomé todos esos archivos y comencé a estudiarlos exhaustivamente, sin saber muy bien qué estaba buscando. Después de algunas noches sin dormir, lo encontré: comprendí que esa información y el modo en el que estaba dispuesta, formaba parte de un código mayor que, gracias al trabajo arduo de muchos años, logré descifrar. No era verdaderamente importante lo escrito de manera explícita, sino una serie de mensajes encriptados que manifestaban “La Verdad”. Descubrí el modo en el que un grupo reducido de personas muy poderosas, se transmiten la historia real. Yo logré acceder a todos los archivos clasificados y descifré por completo el código encriptado.

Usted no puede siquiera imaginar cómo cambió mi vida, cómo todo perdió sentido. Por este motivo dudé mucho si debía o no desparramar este descubrimiento, si debía o no llevármelo a la tumba. Bueno, estoy seguro de que sabe lo que creo ahora: más vale una verdad horrorosa que una mentira mediocre ¿Está usted preparado para recibir una verdad horrorosa? Preparado o no, aquí va.

Aquello que conocemos como universo no existe realmente, no al menos como nos hicieron creer que es. Los seres que lo habitan se trasladan en un plano multidimensional en el que los cuerpos físicos no son necesarios. Su energía puede moverse de un plano existencial a otro sin masa, sin espacio y sin tiempo. Lo infinito cabe en un punto y ese punto es el infinito mismo ¿Puede usted imaginar ver en el mismo momento a todos los humanos que alguna vez existieron o existirán? ¿Puede imaginar que abraza a toda esa humanidad en un mismo abrazo eterno que dura un segundo? Pese a su silencio y a su cara de desconcierto conozco la respuesta. Nosotros fuimos alguna vez parte de esa dinámica, pero fallamos. No tenemos la capacidad sensorial de comprender fuera de la razón y es por eso que vivimos en esta cárcel. Comprendo que usted está convencido de que el planeta tierra es nuestro hogar y que debemos protegerlo, eso es debido a que lo han estado engañando desde siempre. Pero debo abrirle los ojos, nuestro mundo no es más que una espantosa cárcel.

Los seres evolucionados no quieren que, con nuestra torpeza, echemos a perder esa armonía energética en que ellos conviven en paz. Por lo tanto, nos encerraron en este planeta en el que estamos obligados a cargar con cuerpos físicos que no nos brindan la posibilidad de transportarnos a otras dimensiones y, por su propia seguridad, nos han cubierto con una lámina magnética que no permite que nada ni nadie salga de esta cárcel, a la que usted llama hogar. Está confundido ¿verdad? Ha visto con sus ojos los últimos logros espaciales. Sí, también yo he sido testigo de la llegada del hombre a la luna y he visto el momento exacto en el que el astronauta dio el primer paso sobre su superficie gris. Debo reconocer que mi invento ha sido mejorado, las imágenes de hoy en día son increíbles. Sin embargo eso no fue más que una gran farsa, un montaje: nadie ha salido ni saldrá jamás de aquí. La tierra es una especie de zoológico, una jaula donde los involucionados estamos encerrados para siempre.

Como le dije antes, un reducido grupo de personas tiene pleno conocimiento de esta realidad. Me consta que han intentado infinidad de locuras para poder escapar y saber qué se siente estar fuera de nuestro domo magnético, saber qué se siente ser libres. Pero todos sus intentos han sido en vano: cohetes, bombas atómicas, armas láser, etc. etc. etc. Nada sirvió.

Ni bien logré descifrar el código, no lo sabía pero estaba siendo vigilado de cerca, fui arrestado y llevado a un edificio cuya ubicación nunca supe. Me estaba esperando allí un grupo de personas, unos verdaderos desconocidos para mí hasta ese instante: sus rostros no son famosos, tampoco sus nombres y sin embargo ellos deciden nuestro futuro todos los días. Me explicaron que se han hecho experimentos sociales en distintas etapas de la historia para saber si la humanidad estaba preparada para recibir la verdad, se analizaron las reacciones y hasta el momento han llegado a la conclusión de que la gran mayoría de los seres humanos aún no está capacitada para recibir esta información. Me convencieron de que si todos tomáramos consciencia de nuestra verdadera condición de rehenes, de presos, el caos reinaría, las sociedades se derrumbarían y la posibilidad de encontrar una herramienta para liberarnos desaparecería junto con la humanidad misma. Estaba seguro de que la farsa era por el bien común y que las mentiras eran fundamentales para la felicidad de los individuos.

No obstante, hace un tiempo asumí que no hay bondad en el engaño. El problema está, mi querido amigo, en que los pocos que saben la verdad, están muy cómodos con la ignorancia de las masas. Logran manipular sus cuerpos y sus mentes de manera tal, que la humanidad está cada vez más lejos de poder acceder a la verdad. Mi invento ha sido una herramienta clave para mantener a las sociedades quietas, sumisas, explotadas y en la total oscuridad, y lo seguirá siendo. Ocultan para dominar, ocultan para mantener la desigualdad y no por el bien de los hombres: millones mueren de hambre y ellos viven rodeados de lujos; millones salen a trabajar día tras día y son explotados para que ellos puedan apropiarse de los pocos paraísos que hay en esta cárcel. Nos mantienen ocupados mientras se apoderan del mejor lugar en esta pesadilla.

Ahora tiene usted en sus manos “La Verdad”. Haga con ella lo que crea conveniente.”

 

 

ESTE ESCRITO FUE ENCONTRADO EN EL AÑO 2016 EN LA CASA DEL FALLECIDO PERIODISTA RÚBEN CARDENALE. EL INCENDIO DESTROZÓ PRÁCTICAMENTE TODO, PERO MILAGROSAMENTE UNA CAJONERA QUEDÓ INTACTA. ESTOS PAPELES HAN LOGRADO SALVARSE JUNTO CON OTRAS POCAS ANOTACIONES QUE SON PARTE DE UNA INVESTIGACIÓN, DEL MISMO PERIODISTA Y SOBRE ESTE TEMA, QUE NO LLEGA A NADA CONTUNDENTE.

 

Vera Suárez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s