Walsh, Urondo y Marechal. Radiografías de una época.

En 1955 aviones de la Marina bombardean la Plaza de Mayo y unos meses después Perón es derrocado. Comienza una etapa marcada por la violencia cuyas consecuencias son la violencia política y la participación de los jóvenes a fines de la década del sesenta y principios de los setenta.

La intención de esta nota es recomendar tres libros que me parecen fundamentales para entender un poco mejor ese momento del país, antes de que llegué la negra noche de la última dictadura.

No se trata de hacer una comparación. Son tres libros con intenciones marcadamente distintas. No son libros de historia ni de sociología. Dos de ellos son novelas –Megafón o la guerra, de Leopoldo Marechal, Los pasos previos, de Francisco Urondo-, y un libro de no ficción, –Quien mató a Rosendo, de Rodolfo Walsh.

 

Quien Mató a Rosendo
Quizás lo más interesante del libro de Walsh, cincuenta años después, sea la muestra del estado de situación del sindicalismo en aquella época. El hecho policial que motiva el libro hoy ya no tiene demasiado interés. Como aclara el periodista argentino, “su tema superficial es la muerte del simpático matón y capitalista de juego que se llamó Rosendo García, su tema profundo es el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955”.

La trama, una descripción de los hechos sucedidos en la confitería Real de Avellaneda donde murió Rosendo García, puede leerse hoy solo como un relato policial. Se trata de un enfrentamiento entre delegados de base y un grupo de burócratas de la UOM, entre los que se encuentra Augusto Timoteo Vandor. La intención de Walsh es demostrar que todos los disparos fueron realizados desde la mesa donde se encontraba Vandor, incluso el que mató a García, que integraba esa misma mesa.

Hasta ahí el hecho policial, del que Walsh da cuenta de la trayectoria de las balas, la posición de los tiradores, la palabra de los involucrados, etc. Pero hay más.

Dice Walsh en el prólogo: “Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya. Yo no creo que un episodio tan complejo como la masacre de Avellaneda ocurra por casualidad. ¿Pudo no suceder? Pero al suceder actuaron todos o casi todos los factores que configuran el vandorismo: la organización gangsteril; el macartismo (“Son trotskistas”); el oportunismo literal que permite eliminar del propio bando al caudillo en ascenso; la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen; el silencio del grupo solo quebrado por conflictos de intereses; el aprovechamiento del episodio para aplastar a la fracción sindical adversa; y sobre todo la identidad del grupo atacado, compuesto por autenticos militantes de base.”

El libro, que apareció por entregas en el semanario CGT de los argentinos en 1968, consta de tres partes. La última se llama El Vandorismo, y es quizás la más interesante, ya que hace un análisis y una crónica de la situación el país y del estado del movimiento sindical.

 

Los pasos previos

La novela de Francisco “Paco” Urondo es la historia íntima de los jóvenes que se revelan contra el estado de las cosas en los años de proscripción del peronismo. Es la trama del nacimiento de los movimientos juveniles a fines de la década del sesenta. Paco, al igual que Walsh, es militante de Montoneros. Ambos escriben en una época en la que se creía -esto no es una negación de esa idea- que la literatura podía ser un arma con la cual influir en la realidad.

Urondo va mechando a los largo de la novela capítulos enteros dedicados a contar el estado de situación del sindicalismo, al igual que lo hace Walsh en el libro sobre Rosendo García.

Los pasos previos, editado en 1972, no es un relato de acción. Más que nada es un libro reflexivo, analítico, pausado, calmo. Cercano, en mi parecer, a las novelas de Haroldo Conti.

En palabras de Rodolfo Walsh, se trata de “una crónica tierna, capaz que dramática, de las perplejidades de nuestra inteligencia ante el surgimiento de las primeras luchas populares”.

 

Megafón o la guerra

El tercer libro del que quiero hablar es Megafón o la guerra. Se trata de la más política de las novelas de Marechal, fiel a su estilo alegórico y barroco. La novela, entiendo, da muestra de un momento de optimismo. La Argentina ya no es un desierto, dice el autor. Es, creo yo, un regalo de un escritor experimentado, para los jóvenes que creían en aquel momento que podían cambiar la realidad del país.

Dice Marechal en la introducción del libro: “Mi duda inicial era la siguiente: ¿Resultaría cuerdo lanzar a Megafón aquí y ahora a sus Dos Batallas, la celeste y la terrestre?. (…) Los argentinos ya no predicamos en el desierto, y más aún que nuestro erial está cubriéndose de rosas”.

Publicado en 1970, se trata de un libro difícil de describir. Megafón, un autodidacta del barrio de Villa Crespo, luego de viajar para conocer a fondo el país y leer como un desaforado, se decide a dar dos peleas por el futuro del país, una terrenal (a tono con los que sucedía en ese momento) y otra metafísica o “celeste”, como la describe Marechal. En Megafón está representada esa juventud pujante y esperanzada.

Las dos batallas de Megafón son revisionistas, analíticas y delirantes. La historia acompaña al héroe a brindar una serie de batalla simbólicas, como El asedio al Intendente, “La operación aguja -en relación a la frase de la Biblia en la que se dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios- El Juicio histórico al Gran Oligarca o La crítica histórica al general González Cabezón. En cada una de estas batallas dialécticas, Marechal va discutiendo con la historia argentina.

Dice Megafón en una asamblea en un club de barrio, antes de iniciar sus batallas:

“Les enseñaron que la patria era sólo una geografía en abstracción, o algo así como un escenario de la nada. ¿Y qué otra cosa podría ser un escenario teatral si no tiene comedia ni actores que la representen? La verdad pura es que nos movemos en un escenario, que ustedes y yo somos los actores y que la comedia representada es el destino de nuestra nación. ¡Compatriotas, yo les hablaré de un animal viviente, de una patria en forma de víbora! (…) –Si acudí a la víbora fue por tres razones convincentes. Primera: la víbora es un animal del “suceder”, como lo demuestra la del Paraíso; y la patria o es una serpiente del suceder o es una mula siestera (…) –Mi segunda razón –prosiguió el Autodidacto– se basa en el hecho de que la víbora tiene un habitat muy extendido en nuestro territorio, desde la yarará de Corrientes hasta la cascabel de Santiago y la anaconda de Misiones (…) –Sin embargo –añadió el Oscuro–, mi tercera razón es la que importa. La víbora cambia de peladura (…) al ofrecerse la imagen de una Patriavíbora, sostengo que tiene ahora dos peladuras: un cascarón viejo, tremendamente fósil, que se resiste a soltarse del animal; y la peladura nueva que se formó debajo y que batalla por salir a la luz. Compañeros, lo que nos aflige a todos es la tiranía del cascarón.”

Sabiendo que no arruino el final, ya que se cuenta desde el comienzo, diré que al final Megafón es asesinado y sus restos son esparcido por el territorio nacional.

Megafón es un desaparecido

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