Ulises Muschietti: “Desde hace veinte años Estados Unidos perdió la hegemonía en América Latina.”

“En los primeros quince años de este siglo América Latina fue el único lugar del mundo donde se produjeron respuestas importantes al neoliberalismo”, dice el periodista y profesor de historia Ulises Muschietti, que llevó adelante hasta hace poco tiempo el blog Veinte cargas.

Sentados en la cafetería de TEA (Taller Escuela Agencia), la escuela de periodismo donde brinda la materia Política Internacional desde hace casi treinta años, dialogamos sobre la compleja realidad política y social latinoamericana.

Como todo buen profesor, Muschietti tiene una gran capacidad para analizar y explicar de manera clara y certera el mundo complejo y cambiante sobre el cual giramos al rededor del sol.

“Como suele suceder en este continente”, dice mientras recibe los trabajos que le entregan sus alumnos, “después de gobiernos populares, que incluso fueron tomados como ejemplos por movimientos análogos en otras partes del mundo, se da una ofensiva de los sectores más concentrados de la economía y del capital financiero, en este caso de modo particular en Argentina y Brasil.”

-¿Cuáles cree que fueron las transformaciones más importantes que se dieron durante esos quince años de gobiernos populares?

Lo común a todos los procesos fue la función del estado en la economía, como protector de los derechos de la mayoría y poniendo límites a los intereses corporativos y al sistema financiero. A eso hay que sumarle la ampliación de derechos y la inclusión por medio de la distribución de la renta y los planes sociales. Por ejemplo, en Bolivia o Ecuador con los pueblos originarios o el mayor acceso al nivel superior educativo en Argentina y Brasil.
-La derecha denomina a estos gobiernos como “populistas”.

-Yo creo que la denominación más correcta es la que usa el sociólogo brasilero Emir Sader. Él habla de gobiernos neoliberales o antineoliberales, con una amplia gama de variantes.

-En varias entrevistas el periodista Pedro Brieger se refiere a América Latina como un continente en disputa, donde aun no es posible decretar la defunción de los gobierno progresistas en manos de una restauración conservadora, ¿coincide con esa idea?

-Después de lo que pasó en Brasil yo hubiera dicho que la reversión neoliberal era inevitable. Ahora aparece por ejemplo la posibilidad, por primera vez en el siglo, de que en México se imponga una fuerza antineoliberal.

Si esto sucediera, ese camino de recuperación por parte de Estados Unidos en América Latina tendría un freno y daría la oportunidad de tomar otro rumbo.

Los proyectos antineolibrales en la región todavía tienen vigencia, incluso en el país en el que la derrota del proyecto popular ha sido más dura, que es Brasil. El mayor líder del país, si bien está preso, no está vencido, ni tampoco el movimiento social que lo apoya. Esa es una batalla política que todavía se está librando. Después está la Argentina, donde la situación no está decidida y no hay que dar por terminado un proyecto popular.

-¿Coincide con la afirmación de que los gobiernos progresistas latinoamericanos supieron paliar los problemas más urgentes de la población, pero no encontraron una respuesta a la siguiente generación que ya tenía satisfechas las demandas básicas?

-Yo trabajé muchos años con Jorge Rivas, quien fuera diputado nacional en cuatro ocasiones. En 2014 nos visitó Jorge Taiana y dijo una frase que a mí me quedó grabada: “El problema con el kirchnerismo”, dijo “es que acaba de terminar el tomo uno y no tenemos escrito el tomo dos”.

Creo que una vez que se salió de la crisis y el desastre de los primeros años del siglo, gran parte de la población tuvo satisfechas sus necesidades más básicas y empezó a reclamar otras cosas. Faltó elaboración para esa segunda etapa, para seguir proponiendo políticas que tuvieran alto consenso social en sectores en los cuales cambiaron las demandas y aspiraciones. La batalla de las ideas supieron ganarla los que venían a denostar a los gobiernos populares.

En Brasil, el gobierno de Dilma no encontró herramientas para fortalecer lo que había empezado Lula. Hizo concesiones a proyectos neoliberales y perdió apoyo de sus propios seguidores.

En Venezuela se suma la perdida de un liderazgo de una estatura política enorme como el de Chavez. A eso hay que sumarle la agresión económica externa.
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-Los gobiernos progresistas tuvieron figuras con un liderazgo muy fuerte. ¿Te parece que falto una renovación?

-Es un rasgo de larga duración en América Latina. En la época de creación de cada estado, luego de la independencia, se generó una institución que era el caudillo popular, primero rural y después en la ciudad.

Las transformaciones fueron obra de movimientos populares con un líder que las interpretaba. Es un rasgo de la cultura política del lugar. Los partidos, como instituciones colectivas, difícilmente lleguen a afianzarse lo suficiente si no tienen un conductor que concentre las expectativas.

-¿Se pueden atribuir los cambios recientes en el continente a un viraje en la política exterior de Estados Unidos?

-A mí me parece que estas oleadas de gobiernos que ponen algún freno a los intereses estadounidenses en la región, suelen coincidir con coyunturas internacionales en las que América Latina deja de tener relevancia para los poderes centrales.

Desde hace veinte años Estados Unidos perdió la hegemonía en América Latina. En ese sentido también hay una disputa, porque busca lograr la iniciativa en el continente y no lo logra. Que no haya expulsado aún a Venezuela de la Organización de los Estados Americanos es una señal muy clara. Cuando en Cuba triunfó la Revolución la sacaron de la OEA en seguida. Han perdido la iniciativa, les cuesta recuperarla y encuentran resistencias firmes en estas sociedades.

-Mientras el continente parece ir hacia la derecha, en Mexico está la posibilidad de que gane López Obrador, un candidato progresista, ¿A qué lo atribuye?

-Porfirio Díaz, el último presidente de Mexico antes de la revolución de Villa y Zapata, dijo una frase famosa: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. La verdad es que esta cercanía ha marcado la vida política del país.

Después de la sacudida de la revolución mexicana, que fue la primera de un siglo de revoluciones, cuando se alcanza la estabilidad se organiza esta enorme maquinaria de poder político que es el Partido Revolucionario Institucional. El PRI mantiene una aureola progresista, pero instala un régimen cada vez más conservador y con un control de la vida política muy fuerte.

Cuando se propaló desde Estados Unidos y Gran Bretaña la revolución conservadora de los años 80, el PRI entró también en la aplicación de esas políticas neoliberales. Sus bases políticas no lo soportaron, se fragmentó y recién entonces empezó a crecer una opción de izquierda, que viene a resolver un malentendido histórico. El PRI en el gobierno tenía una política exterior de izquierda. México siguió manteniendo relaciones con Cuba. Los exiliados argentinos, chilenos o republicanos de la guerra civil española iban a México. Tenía una imagen internacional de izquierda, pero en el interior era estrictamente conservador.

Ahora hay una izquierda que señala todas las posiciones conservadoras del PRI y del PAN, que además han hecho un desastre con el narcotráfico y la represión brutal a opositores. Ha quedado al desnudo el carácter brutal del gobierno mexicano.

-En octubre se vota en Brasil, ¿piensa que el resultado de esa votación determinará el futuro de Latinoamerica?

La vuelta de Lula al gobierno contribuiría mucho a inclinar a favor del antineoliberalismo la disputa de la que venimos hablando.

Sin embargo, me cuesta creer que todo el andamiaje que la derecha y la burguesía brasilera ha puesto en marcha para terminar con el PT y con Lula se rinda ante la sola expresión de una voluntad popular que lo quiere como candidato. Pero si los movimientos sociales y el PT logran movilizar a su enorme masa de seguidores es muy difícil sostenerse con un gobierno tan débil. La alternativa que uno piensa es una alianza entre los medios de comunicación, la justicia y las FFAA. Una militarización progresiva.

-La imagen que nos llega de lo que sucede en Venezuela parece cada vez peor, sin embargo la revolución bolivariana sigue ganando elecciones. ¿A qué lo atribuye?

Sigue ganando elecciones porque a pesar del estrangulamiento económico, de la crisis, de la intensa actividad propagandística de la oposición y de lo medios, la mitad del país sigue valorando haber sido incluida en el país por el chavismo. Me parece que la lucha tan abierta en la calle, en lugar de amansar a la población la radicalizó en lo que siente que es la defensa de los derechos que ha adquirido.

El chavismo consiguió consolidar una masa crítica muy fuerte y mantenerla. Cuando se puso en marcha el plan “Barrio adentro”, llegaron médicos cubanos a lugares donde jamás hubo atención médica. Es una inclusión en derechos muy elementales la que se consiguió en Venezuela y todavía tiene mucha fuerza. Después hay otra cuestión que uno debería verla muy de cerca para saber cuanto de lo que dice la propaganda antigubernamental es real y cuanto es ficción.

-Cada vez se ven más inmigrantes venezolanos en Argentina.

Sí, pero me da la impresión de que esos inmigrantes venezolanos y colombianos son de clase media. Muchos de ellos aprovechan para estudiar. Pertenecen a los sectores descontentos, pero no es una inmigración de trabajadores pobres como puede ser la paraguaya o la boliviana. Los trabajadores pobres son los que constituyen la base social más fuerte del gobierno. No hay desilusionados del chavismo que se van del país. Son los que se cansaron de esperar su caída.

-¿Cree que el préstamo del FMI a la Argentina pretende sostener el gobierno de Macri para detener una posible oleada de nuevos gobiernos populares?

Yo creo que lo del FMI no es una ayuda a Argentina. No debemos pensar que ellos prestan, pero ponen condiciones económicas. Ellos ponen condiciones de política económica y para eso te prestan. Yo creo que el objetivo es que allí donde entre el FMI, pueda monitorear políticas favorables al capital financiero. Le prestan plata que van a recuperar y garantizan que el gobierno no se aparte del camino en el que va y que lo profundice.

-¿Argentina retrocedió en su reclamo de soberanía por Malvinas?

Creo que lo abandonó. Malvinas es un problema para el gobierno. Por otra parte, creo que ese reclamo esta asociado con el kirchnerismo y el populismo, por lo cual también está dentro de la bolsa de lo que para ellos está maldito.

 

Sebastián Pujol

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