Los Desesperados

“El estado de guerra es un estado de enemistad y destrucción”

John Locke

Los analistas políticos en su mayoría tienen como centro los vaivenes de lo que sucede en la política económica, es decir las grandes decisiones generales y sus consecuencias particulares.

La deuda estructural, el dólar galopante y  demás datos de la macroeconomía se pueden encontrar en cualquier medio de comunicación. Los medios concentrados siguen bancando la parada, aunque igualmente deben filtrar algunas críticas. Es que no se puede tapar el sol con la mano ni en dólar a 27/28/ 29  y por sobre todas las cosas ni Clarín, ni La Nación pueden dejar que su producto: “La verdad verdadera” pierda todo su capital simbólico ante sus consumidores.

Estamos en una situación socioeconómica dramática, de inseguridad y ansiedad: ¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. Pero a la vez estamos haciendo peligrar una relación contractual. Dejemos de lado por un rato, los datos grandes de la economía y centrémonos en el contrato más  importante que tiene una sociedad moderna.  Para ello recurriremos a la fábula del contractualismo, la cual como corriente jurídica-filosófica postula lo siguiente: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene”

Esta ficción es un Hit y ha tenido éxito, aún cuando no hayamos profundizado en las teorías de Locke; Hobbes y otros teóricos del contractualismo. Lo consideramos justo. Es más pedimos al estado que cumpla con su promesa. Si lo pensamos un poco,  todos los reclamos tienen un componente de este tipo. Hoy este contrato se está rompiendo, la silenciosa desintegración flota por nuestra sociedad. Veo cada vez más gente desesperada; cada vez más gente duerme en la calle; cada vez más personas piden la monedita para comer; cada vez más niños zombis deambulan en los alrededores de las estaciones de tren. ¿Es un razonamiento inductivo?, Sí lo es. ¿Es un argumento parcial, cegado, no objetivo? Sí lo es.  Veo la fabricación de gente que no tiene nada que perder. Esto es un condimento explosivo para cualquier sociedad.

Los desesperados no confluyen políticamente, no irán a una marcha por sus derechos, no se reunirán con otros para lograr algún tipo de reivindicación, no saldrán en los medios salvo para algún informecito pedorro. Es una cuestión de instinto y supervivencia; la desesperación genera violencia y hacía allí vamos otra vez en nuestra historia.

Carlo Magno

 

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