Termino medio

Sería exagerado llamar a este conjunto de palabras análisis del discurso medio, siendo una breve crítica de frases sueltas emitidas por aquellos a los que en honor al gran Arturo llamaremos medio pelo. Pero si una de las principales características del sector en cuestión es la plena exageración de posturas ante cualquier hecho, ¿por qué no caer en la tentación y maquillar con títulos rutilantes a un trabajo que es una medialuna de jamón y queso pero que por simple elevación nominal Palermitana podría transformarse en un Croissant de crudo y gruyer? Simplemente porque la vergüenza pudo más.

Hay una retórica que sale en serie de la maquinaria de poder y homogeniza el discurso, y si bien no es compartida, está claro que no es ajena. Posiblemente, cualquier persona que lea esto pertenece a las esferas donde transcurre la enunciación, donde se producen los enunciados mediopelinos y en donde la lucha con el entorno por no caer en las redes del lugar común, muchas veces se torna una tarea imposible.

Resulta difícil derrotar los prejuicios que hemos adquirido desde el minuto cero. Apenas nacemos, para diferenciarnos de los animales, nos sumergimos en eso que llamamos cultura y comenzamos a generar estereotipos. Recibimos los significados que nuestros padres les dieron a las cosas y que ellos han recibido antes. Somos eslabones en una gran cadena, nadie rompe el silencio del universo. Se puede estar toda una vida creyendo que todo lo que vemos es, fue y será siempre así. Por eso, es injusto juzgar a aquel que es convencido por el discurso dominante, todos caemos en algún momento.

El desafío es desmenuzar al máximo posible lo presentado como normal. Desnaturalizar todo, lo único natural es aquello que no se puede cambiar por ser parte de la biología: comer, cagar, coger. Por lo tanto, si un humano se presenta y nos dice que descubrió la formula de cómo vivir sin alimentarse, la función comenzará a depender de la cultura. Habrá un conocimiento que podrá ser transmitido y entonces la necesidad de consumir alimentos quedará condicionada, estará dentro de sus posibilidades cambiar.

Dentro del proceso de cambio, el progresivo, no el inflado a helio, surgirán en la mente ideas pre juiciosas, agazapadas para emerger ante una situación que en general suele tomarnos por sorpresa. En ocasiones, aunque aún no entendemos bien porqué, nos molestan. Las decimos o pensamos en silencio, pero sin un convencimiento real generan una especie de vergüenza, pero si en una de esas se produce el destello divino y se comienza a desconfiar, la matriz racional heredada se podrá ir resquebrajando.

El esfuerzo del desarme valdrá la pena. Por lo menos, será un triunfo obtener esa duda, extirpando la obviedad en una potencial conclusión, como decía Sartre en el prólogo de los Condenados de la Tierra de Fanon “No nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros”.

Ahora bien, esta colección de deconstrucciones tiene un punto de partida que permitiría facilitar el trabajo. Hay frases muy oídas que son la expresión más a mano de la mencionada naturalización. Son repetidas por comunicadores que con más o menos elegancia, las instalan en el imaginario colectivo y serán el inicio de una estructuración de pensamiento que será difícil de corroer.

Sin arriesgar un método estadístico pomposo, solo obteniendo muestras en vínculos universales tales como amigos, compañeros de trabajo, familia, cola de chino, banco, pago fácil, se puede verificar la cantidad de veces que se repiten estas frases, generando altos porcentajes de adhesión. A continuación, se brinda el podio, definido arbitrariamente, de las más escuchadas con sus correspondientes notas al pie.

“En x país no pasa”.

¿Qué no pasa? ¿La inseguridad? ¿La corrupción? ¿Estamos seguros de que no pasa? ¿Dónde nos fijamos? Se supone que el nivel de evolución del mentado país tiene su explicación en que son mejores. Las pruebas: Orden del tránsito, limpieza en las calles, caminar tranquilo, te piden perdón si te chocan, son amables, puntualidad, café barato. Argumentos irrefutables frente a la historia y el análisis sistémico. La esclavitud y los procesos colonizadores son temas menores que atrasan, tienen olor a naftalina.

“Es todo por un tema ideológico”.

Se piensa que la ideología es una bandera roja mal pintada en un garaje. Un oponerse a todo por el simple hecho de ser jóvenes, sinónimo de no pensar, ya se les va a pasar. Cuando no pasa y crece, se transforma en una cuestión de totalitarismos y dogmas. Discurso conocido por sonido a lata. Las más elementales definiciones sobre ideología que propone google pueden ayudar: “posturas ante un determinado hecho basadas en los sistemas de valores de cada individuo”. De esta manera, podemos deducir que si se piensa que la represión está mal es ideológico, si se piensa que está bien también.

“Todo lo que tengo lo hice laburando”.

La idea de que por un esfuerzo individual se construye la vida es aceptable, si no nos movemos nada llegará. Pero lamentablemente, para aquellos que han sido dotados con las capacidades del esfuerzo, el hombre es un ser social que valga la redundancia vive en sociedad. Depende de ella mucho más de lo que puede aportarle. Es muy probable que si vendo ladrillos, en épocas en que el poder político destina recursos a la obra pública y brinda créditos inmobiliarios al publico minoritario, obtenga un merecido reconocimiento por las doce horas trabajadas. Pero si la política aplicada resulta ser la contraria, la jornada laboral tendrá la misma carga horaria, por una retribución mucho menor. Hay que entender algo de ahora y para siempre: ¡Este sistema no regala nada! La individualidad es su pilar fundamental. Le viene fenómeno que nos creamos seres naturales que dependen de su capacidad para sobrevivir.  Si tenemos la sensación de que regala, por medio de asignaciones, tarifas de servicios o lo que sea, afinemos la vista porque es probable que el destinatario de esos presentes necesite mucho más y de seguro no estará tranquilo en casa disfrutando, sorprendido de su suerte.

Así podríamos seguir durante páginas y páginas, hay una inmensa cantidad de frases que de a poco tejen el entramado que dará origen al sentido común. Nadie es el dueño de la verdad y como dice Nietzsche “No hay hechos solo interpretaciones”, pero esas interpretaciones deberían ser la conclusión de un periodo de reflexión, no la repetición industrial de una idea enlatada. Los hechos que nos cautivan como sociedad suelen tener una intensa complejidad que no se concluyen en la atención momentánea del zapping. Solo así una sociedad puede encarar la ilusión de libertad y desarrollo. De otra manera estaremos eternamente condenados al termino medio.

 

Ignacio Calza

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