Charly García: Pequeñas anécdotas sobre la Argentina

 

Charly García dejó una marca muy importante en los últimos cuarenta años de historia musical de la Argentina. Sus letras y su música estuvieron siempre emparentadas con lo que pasaba en el palacio y en la calle. Igual que el país que habita, Charly juega con los excesos, prueba los límites y siempre vuelve a volar tras tocar fondo. La intención de este texto es recorrer la trayectoria de Carlos García Moreno en su etapa previa la carrera solista a través de sus canciones y, de paso, echarle un vistazo a nuestra historia como país y a la formación de nuestro inconsciente colectivo.

El coraje es la elegancia bajo presión. E. Hemingway

 

Sui Géneris

Los jóvenes Charly García Moreno y Nito Mestre, amigos del colegio, formaron una banda que irrumpió en la escena local cuando muchas de los conjuntos pioneros del rock argentino, como Almendra y Manal, ya se habían disuelto. Charly componía canciones con las que “los jóvenes iracundos”, como los llamó una vez Julio Cortázar, se identificaban. Sensibilidad social e individual. La llamaron Sui Generis.

En agosto de 1975 cruzaron el charco desde Buenos Aires a Montevideo. Hacía poco tiempo Charly había sido expulsado del servicio militar en Argentina con un diagnóstico que lo catalogaba como “maniacodepresivo, con personalidad esquizoide”. La conscripción se le había hecho insoportable.

Juan María Bordaberry gobernaba el Uruguay cuando los integrantes de Sui Géneris pisaron suelo charrúa. Bordaberry había asumido en democracia en 1972. Pero al año siguiente deshizo el Parlamento y, dentro de un proceso que se repetiría luego en todos los países latinoamericanos, instauró una dictadura militar en la que se prohibieron los partidos políticos y se ilegalizó a los sindicatos.

Sui Géneris ya había sacado Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones, tercer disco de la banda. El álbum había nacido con la idea de que cada una de las canciones que lo conformaran estuviera dedicada a una institución social: un tema para la policía, otro para el ejército, otro sobre la familia, etc. Finalmente tuvieron que bajarle los decibeles. Sin embargo, canciones como “Las increíbles aventuras del señor tijeras” o “Juan represión”, reflejaban el estado de las cosas en una Argentina que entraba en su etapa más violentas del siglo veinte.

Después del recital en el hermano país la policía los esperó a la salida y los llevó detenidos. Charly, como todo joven argentino que escuchara rock y tuviera el pelo largo, sabía lo que era estar en cana. En una entrevista para la revista Gente contó que lo “llevaban preso bastante seguido, por la pinta nomás… No era tan sencillo salir, porque te podían matar a trompadas, cortar el pelo o empezar a hablarte hasta sacarte de quicio. Una vez me hicieron ir al garaje de la comisaría y me dieron mi campera para que limpiara los patrulleros, pero la tiré al piso y ahí me mataron a trompadas. Una de las últimas veces me dijeron: “¿Así que vos sos el que canta que las heridas son del oficial?”. No sabía qué contestar. Ahora, cada vez que me llevan, saben quién soy. Pero lo hacen para ganar fama o para mostrar poder. La última vez estuve en una cárcel de Morón, esposado y tirado en una celda horrible.”

Esta vez los habían detenido por la letra de la canción “Botas locas”, que retrataba la estadía de Charly en el Servicio Militar. Los policías uruguayos no habían terminado de entender lo que decía la letra en algunos fragmentos. “Nito” había sido interrogado al respecto, pero se excusó argumentando que él solamente se dedicaba a hacer los coros y desconocía la letra. Cuando le tocó el turno a Charly de hablar con las autoridades, en una maniobra magistral, les dio vuelta el sentido a su propia composición. Donde él había escrito “si ellos son la patria yo soy extranjero”, aseguró que en realidad decía:” Si ellos son la patria yo me juego entero”.

Quizás en ese momento Carlos García Moreno aprendió que existían formas de eludir la censura. Que se podía gambetear la represión. Que había una manera de expresar aquello que él no podía evitar decir, sin morir en el intento. Porque cuando uno tiene la intención de dejar testimonio sobre su tiempo tiene que aprender a soportar los roces y esquivar las patadas.

La máquina de hacer pájaros

Charly armó La Máquina de Hacer Pájaros junto a Oscar Moro en batería (que después integraría Serú girán), Carlos Cutaia en teclados (que venía de tocar en Pescado Rabioso), Gustavo Bazterrica en guitarra (que luego sería parte de Los Abuelos de la Nada y José Luis Fernández (de Crusis). Esta banda es, injustamente, la menos reconocida popularmente de las bandas de Charly García. Con una influencia muy potente del rock progresivo de la época, pero con aires tangueros, La máquina… nació en 1976.

Con el primer disco la censura les recortó uno de sus mejores temas. A pesar del vuelo lírico musical de esta banda, las letras también estaban muy emparentadas con lo que sucedía en el país. Por ejemplo, la canción “Como mata el viento norte” decía:

“Hoy es un buen día,

hay algo de paz,

la tierra es nuestra hermana,

los asesinos son los demás”

En 1977 Charly le dijo a la revista El expreso imaginario que “El nuevo disco de La Máquina tiene una onda urbana, porque habla de lo que le pasa a la gente de la ciudad…”. Se refería al álbum “Películas”, en el que varias de las composiciones dejaban una marca indeleble de la situación, que se ponía cada vez más densa.

Canciones como Hipercandombe, retrataban los padecimientos de los jóvenes en dictadura:

“Yendo por el lado del río,

la paranoia es quizás

nuestro peor enemigo.

Cubrís tu cara y tu pelo también

como si tuvieras frío

pero en realidad

te querés escapar de algún lío.

Déjenme en paz

no quiero más

no hay esperanza en la ciudad. “

En el tema “Qué se puede hacer salvo ver películas” decía mucho solamente con su título. En 1978 viajó a Brasil y le dio forma a Serú Girán.

Serú Girán

Para Serú Girán no fue una tarea fácil hacerse entender en la Argentina. El público seguía enganchado con el folk-rock de Sui Géneris. Sin embargo, de a poco Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro se fueron ganando al público a fuerza de trabajo, virtuosismo y la calidad de las letras.

En 1978 el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura militar más atroz que conoció la Argentina, llevaba dos años en el poder. El primer disco era, al menos en apariencia, abstracto. Sin embargo, hay una canción que muestra la problemática del exilio ante el terror y la asfixia. Esa canción es “Autos, jets, aviones, barcos”:

“Autos, jets, aviones, barcos

se está yendo todo el mundo

ves cómo la Cruz del Sur

está cambiando de rumbo?

Por el Ecuador y el trópico

el sol

saluda a nueve vagabundos

porque en tierra nadie queda,

la verdad es que se está yendo todo el mundo.”

Ante la represión parecía que se iba todo el mundo. Luego llegó el disco La grasa de las capitales con el que se burlaban, desde la tapa, de la frivolidad del ambiente del espectáculo.

En palabras del periodista Carlos Polimeni sobre dicho álbum, “escuchar el comienzo con palabras como ‘Esta oscuridad/esta noche de perros’ era para cualquier oyente de entonces un viaje directo hacia una realidad aterradora, que estaba del otro lado de las paredes, pero nunca en los medios de prensa. Una de las grandes preguntas para hacerse hoy es si la censura militar no entendió las letras como la de ‘Noche de perros’ o ‘Los sobrevivientes’ o ‘viernes 3AM’ por citar sólo tres canciones de este disco o si las dejó pasar, pensando que censuradas sería peor, habida cuenta de la popularidad del grupo por entonces, o que se minimizara la inteligencia de su público”.

El punto más alto de la poética de Charly García y de su audacia para expresarse, para sacar de adentro eso que presiona, que necesita ser dicho, fue basado en el relato de Lewis Carroll y se llamó Alicia en el país, del disco Bicicletas.

“Quién sabe Alicia, este país

no estuvo hecho porque sí.

Te vas a ir, vas a salir

pero te quedas,

dónde más vas a ir?

Y es que aquí, sabes

el trabalenguas, trabalenguas

el asesino te asesina

y es mucho para ti.

Se acabó ese juego que te hacía feliz.

No cuentes lo que hiciste en los jardines, el sueño acabó.

Ya no hay moscas ni tortugas

un río de cabezas aplastado por el mismo pie

juega al cricket, bajo la luna.

Estamos en la tierra de nadie, pero es mía.

Los inocentes son los culpables, dice su señoría,

el rey de espadas.

No cuentes lo que hay detrás de aquél espejo,

no tendrás poder

ni abogados, ni testigos.

Enciende los candiles que los rumbos piensan en volver,

a nublarnos el camino.

Estamos en la tierra de todos,

en la vida.

Sobre el pasado y sobre el futuro,

ruinas sobre ruinas,

querida Alicia.

Quién sabe Alicia, este país

no estuvo hecho porque sí.

Te vas a ir, vas a salir

pero te quedas,

dónde más vas a ir?

Y es que aquí, sabes

el trabalenguas, trabalenguas

el asesino te asesina

y es mucho para ti.

Se acabó ese juego que te hacía feliz.”

La omisión, muchas veces, quiere también comunicar. Eso es lo que logra al retirar del título, el “de las maravillas”. Parecía no haber maravillas por estas tierras, ni lugar donde esconderse. “Te vas a ir, vas a salir, pero te quedas, ¿dónde más va a ir?”, preguntaba Charly. El terror se lo comía todo.

 

Sebastián Pujol

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