Entrevista con la brigada para leer en libertad

Sobre un escenario, micrófono en mano, está Paco Ignacio Taibo II, prolífico escritor, precursor de la novela policial en América Latina y autor de extensas biografías del Che Guevara y de Pancho Villa. Un millar de personas lo escucha atentamente dentro de una de las carpas de la Feria Internacional del Libro del Zócalo 2017, en la Ciudad de México. La multitud participa de una tertulia sobre el compromiso social en la literatura.

“Este es un país donde no se lee y hay mil personas congregadas a una discusión sobre literatura, ¿de dónde chingados salieron?” -dice Paco Taibo inclinado hacia adelante en su silla, con las piernas abiertas y un cigarrillo en una de sus manos, haciendo uso de su típico estilo descontracturado y su lenguaje políticamente incorrecto- “La obvia conclusión es que ustedes son marcianos. Hay una reiteración desde las élites más pinches que dice que en México no se lee o que solo se lee chatarra, pero este es el foro de la resistencia.”

La tertulia, de la que participan también los escritores Juan Villoro, Héctor de Mauléon y Juan Madrid, forma parte de una de las tantas actividades de la Brigada para Leer en Libertad, una Asociación Civil de fomento a la lectura nacida en la ciudad capital mejicana.  Los proyectos de la Brigada gozan de un éxito impensado en estos tiempos en los que la frase “la gente no lee” se volvió un lugar común en todo el mundo.

Para intentar entender los motivos de semejante popularidad entrevistamos a la fotógrafa Marina Taibo Saiz, integrante de la Brigada, quien explica que el proyecto“comenzó hace ocho años cuando mi madre, Paloma Saiz fue despedida de la dirección de la Feria del libro del Zócalo, la más importante del país. Junto mi padre, Paco Taibo, decidieron en ese momento crear una Asociación Civil para fomentar la lectura en la que participamos quince personas.”

¿Cómo le explicarías el trabajo que realizan a alguien que no los conoce?

Nos dedicamos a hacer una mezcla de ferias y mercadillos de libros, que aquí llamamos tianguis, sobre todo en el centro y la periferia de la Ciudad de México y en algunos de los estados conurbanos. Los eventos se hacen a mitad de calle, a las afueras de un metro o en una plaza pública. Le pedimos a los libreros, no a las editoriales, que saquen sus libros de oferta que tengan en bodegas para poder vender a precios muy baratos. Los tiangui siempre los acompañamos con foros y mesas redondas. En esas charlas, cuando se puede, se regala un libro que edita la propia Asociación Civil.

Yo diría que la brigada es uno de los esfuerzos más importantes desde la sociedad civil para fomentar la lectura en nuestra ciudad. Hacemos al año de ocho o diez ferias del libro internacionales en diferentes partes de la ciudad y unas sesenta tianguis. El año pasado editamos treinta y siete libros para regalo. Tenemos más de ciento sesenta en nuestro catálogo, que además se pueden descargar gratis en nuestra página. Nos tiene muy sorprendidos la respuesta de la gente.

Hay otros países que están haciendo cosas parecidas. Se había hablado con algunos de nuestros amigos argentinos a ver si logramos hacer una especie de brigada cultural en la Argentina. Teniendo a Macri en frente creo que les urge.

¿Qué consejo le darías a quienes quieren comenzar un proyecto de fomento a la lectura?

Las cuatro patas de la brigada son: el público, los escritores con los que podrías trabajar, los activistas o grupos de lo que sea, y la prensa.

Debes buscar todos los grupos de coyuntura social que en este momento estén trabajando y a los que podrías invitar a participar. En el caso de la brigada, peso que entra peso que sale para fomento a la lectura y para editar los libros que regalamos. Para que se conozca nuestro trabajo hemos descubierto la fuerza de las redes sociales. En el momento en que tú tienes buen material la gente en la red se engancha. Se debe intentar grabar todo lo que se hace y estar pendiente de las redes sociales. Es nuestro contacto con el otro mientras no estemos físicamente con ellos. Respondemos personalmente a todos los mensajes.Empezamos transmitiendo en periscope, con los teléfonos. Fuimos adquiriendo equipo y ahora transmitimos en Periscope, Youtube y Facebook al mismo tiempo.

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Desde la brigada decidimos este año hacer un curso de historia de México gratuito en línea. Le pedimos a la gente que en lugar de que lo vieran solos en sus casas, armaran grupos de discusión para ver los videos. Se juntaron aproximadamente cuatrocientos. Para nuestra sorpresa tuvimos más de ciento cincuenta mil usuarios conectados en vivo escuchando el curso. Fue tal el éxito que hemos decidido continuar haciéndolo.

¿Cómo fue la reacción de los intelectuales mejicanos ante la Brigada?

El prestigio de Paco fue esencial. Saber que mi padre está detrás de este proyecto le dio seguridad a la cantidad increíble de autores que hemos tenido en ocho años. Para que se den una idea de como fue esa reacción, cuando la brigada iba a cumplir ocho meses se nos ocurrió hacer una feria alternativa al Zócalo. No teníamos ni un peso, pero creíamos ser capaces de apostar por los contenidos y demostrar a la entonces secretaria de cultura del DF, que había triplicado el presupuesto de la feria del libro, que su feria sería igual de mala que siempre pero con más presupuesto. Entonces mi padre agarró el teléfono y empezó a llamar a los escritores. Hablaba, por ejemplo, a casa de Elena Poniatowska y le decía: “Oye Elena, soy Paco, estamos en una bronca, hay que entrarle a la guerra, ¿le entras?”. Todos le decían que sí. Esa conversación, que parece un poco loca, se repitió hasta el cansancio. Al terminar ese día teníamos a ochenta escritores, más de cincuenta libreros y ni un peso. Conseguimos que nos donaran unas carpas, un sonido y hablamos con un circo para que nos mandaran equilibristas, payasos, perros, etc. Se llamó “Primera Feria Alternativa al Zócalo”.

Ese prestigio nos posibilita tener a Chomski en una llamada por Skype y el Zócalo atiborrado o de tener a Guillermo del Toro en medio de la promoción de su película.

Además, los escritores nos dan gratis sus obras para que la brigada pueda regalarlas. Nosotros hacemos el trabajo editorial y buscamos dinero para la impresión. Se acaba de volver algo prestigioso tener un libro dentro de la brigada, hace que el resto de tus otros libros se muevan.

¿Crees que el momento social y político de México es propicio para el trabajo de la brigada?

El hartazgo en este país lleva demasiados años. Somos un catalizador del descontento social. El hartazgo ha hecho que la brigada crezca porque le damos oxígeno de una manera sencilla y clara. Paco tiene la facultad de poder sentar a grupos que ni de milagro se sientan juntos en una discusión política. En las actividades de la brigada hay temas socialmente relevantes en ese momento. Además, somos los primeros en darle el micrófono a cualquier periodista que esté amenazado o que le hayan cerrado los micrófonos. Nosotros los ponemos frente a la gente.

Llevamos muchos años en los que se ha invertido dinero en pelear contra el narco, sobre todo intentar que la violencia baje y lograron todo lo contrario. Hay que darle una oportunidad a la cultura para que sea quien baje la violencia. Estamos convencidos de que si logras que un chavito lea no se va a convertir en sicario.

En un barrio nos pidieron una biblioteca para un espacio recuperado donde antes había un baldío muy concurrido por la prostitución y los vendedores de drogas. El gobierno del DF expropió el predio para hacer un comedor comunitario. Construyó el lugar. El barrio debía poner la comida y el trabajo para prepararla. Llegamos y nos recibieron unos cincuenta niños. Ellos mismos habían pintado y le habían puesto los muebles para la biblioteca. El lugar se volvió un punto de reunión. A los tres meses nos pidieron más libros.

La brigada no tiene ningún tapujo en aclarar que hacen política y que tienen una marcada visión ideológica ¿Cuál es la reacción de la gente ante esa visión politizada de la cultura?

Es importante tener claro que se trata de una mezcla de proyecto político con proyecto literario. A través de la literatura queremos formar seres pensantes.

No nos callamos y somos muy críticos frente a lo que está pasando. Sentamos a todos los miembros de la izquierda a discutir. Como dice mi papá: los de derecha ya tienen sus espacios. Logramos dar un panorama abierto de lo que está pasando. En México está instalado que todos son iguales básicamente porque no se comportan diferente. Que a nosotros nos vean como un ala crítica les da una esperanza de que puede ser diferente. El país está muy dividido, pero sumamente harto.

A modo de bonus track les dejamos uno de los tantos videos de las actividades de La Brigada para Leer en Libertad.

Sebastián Pujol

 

 

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