René Orlando Houseman: El jugador del pueblo

 

Al final de la avenida Jujuy, que a esa altura y por unas pocas cuadras se llama Colonia, se ve el Palacio Tomas Adolfo Ducó. Habíamos cruzado toda la Capital Federal desde la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Los grandes edificios escasean y las calles son cada vez menos iluminadas cuando uno viaja con rumbo sur. En un paredón cercano al estadio hay un mural con el escudo del Club Atlético Huracán. Debajo está Oscar “Ringo” Bonavena, a un costado Herminio Masantonio y al otro el hombre que esta noche descansa dentro de un ataúd abierto en el Estadio del globo de Parque Patricios: René Orlando Houseman.

En la esquina del estadio hay un grupo de más de treinta hinchas de Excursionistas que toman cerveza y comen pizza. En la puerta del hall central hay algunas cámaras de televisión. René ocupa el centro del salón. Ya no se parece en nada al hombre que caminó a diario las calles del Bajo Belgrano. A un costado está la familia. El músico Ariel Prat canta solo con su guitarra la canción “Sobre la hora (alma de wing)”. La piel se pone de gallina. Un grupo grande de gente espera que termine la canción para aplaudir y comenzar a cantar. Las voces retumban en el salón y una sensación sobrecogedora recorre el ambiente: “Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar, el Loco es lo más grande del futbol nacional”

Los hijos velan a su padre, la esposa vela a su compañero, los amigos a un tipo incondicional y cercano. Pero muchos otros velamos a una raza de tipos en vías de extinción, a uno de esos que ya no hay, a un loco que parecía venir del pasado para enseñarnos como se vivía antes.

En ese hall cubierto de mármol, que conserva el estilo de otras décadas, frente a un busto de Ducó, está Houseman, el campeón mundial, el jugador del pueblo. Está cubierto por una bandera de Huracán, otra de Excursionistas y una camiseta de la Selección Argentina. La gente se acerca hasta el féretro y tiembla, llora, le da aliento, le habla.

Había que estar ahí para entender del todo lo que estaba ocurriendo y que voy a intentar explicar, aunque seguro no logre hacerme entender. Ocurría que uno entendía en ese momento la razón de ser de la amistad, el futbol, la mística, la niñez, la gloria, los recuerdo, los clubes y su historia, las raíces, las alegrías y las tristezas, el país, el barrio, el ser humano. Uno entendía a René Orlando Houseman.

Uno simplemente entendía.

*

La familia Houseman abandonó la ciudad de La Banda en Santiago del Estero, donde nació René en julio del 1953. Tenía cuatro años cuando llegó a Buenos Aires. Se instalaron en una casilla en la villa del Bajo Belgrano, a pocas cuadras del Club Atlético Excursionistas. Con el tiempo, ese club se convertiría en su lugar en el mundo.

En Excursionistas jugó al baby futbol. El presiente del club no quería villeros en su institución y el rival de toda la vida lo tentó para jugar con la rojinegra de Defensores de Belgrano. Salió campeón con el equipo de Nuñez. En seguida lo vieron de Parque Patricios y se lo llevaron. En el equipo del sur de la Capital conquistó el único torneo que ganó el Globo en su historia. Algunos dicen que René fue el mejor en el mejor equipo de la historia del futbol argentino.

Jugó la Copa del Mundo de 1974 en Alemania y le metió un golazo a Italia. Cuatro años más tarde salió campeón del mundo en la cancha de River. Entró a jugar la final con Holanda faltando quince minutos para el final.

Sus problemas con el alcohol empeoraron, pasó por varios equipos en los que ya no brillaba. Su despedida del futbol fue en Excursio. Jugó un solo partido y colgó los botines. Ya nadie más volvería a verlo encarar siempre a los rivales y frenar de golpe, volver atrás, arrancar de vuelta, salir para cualquier costado, volver loco a los defensores rivales.

Lo que nunca abandonó fue a Excursionistas y al barrio que lo vio nacer, aunque la villa fuera erradicada en el ´78. En un nota que salió publicada en Página 12 después de la muerte de René el periodista Fernando D´adario, hincha del equipo del Bajo Belgrano, cuenta que el Loco le dijo un día: “Lo único que no cambió en este barrio somos Excursio y yo”.

*

La última vez que lo vi estaba solo en la puerta de Excursionistas. Yo había salido a buscar algo al auto y cuando volví lo encontré en la puerta. Ya le habían diagnosticado cáncer. Era de noche y estaba tranquilo, con la camiseta del verde y una gorra.

Para nosotros, los hinchas de Excursionistas, siempre fue algo habitual verlo en el estadio de Pampa y Miñones. Era familia de muchos, amigo de la mayoría, un ídolo cercano para otros. El último es mi caso. No cualquiera se puede dar el lujo de ver habitualmente a un ídolo, aunque nunca me animé a hablarle.

La última vez que lo vi tampoco me animé. No quise ser irrespetuoso. Estaba demasiado tranquilo, en su casa. El barrio, donde también nació mi viejo, había cambiado: se llenó de edificios de lujo, de autos caros y desaparecieron los bares, los studs de caballos y muchas casas, pero René y Excursio no, ellos seguían fieles al barrio que los vio nacer.

No me animé a saludarlo. Entré al SUM del club donde junto a otros socios estamos armando una biblioteca y un espacio para actividades y para que los hinchas tengamos un lugar de reunión. René pasó por la puerta y uno de los socios dijo “ahí está René” y saludó con la mano. Era el campeón del mundo más humilde de la historia. Era un crack.

*

Camino a la Chacarita el cortejo fúnebre pasó por el Bajo Belgrano. Los pibes de las inferiores de Excursio lo esperaban en el círculo central. Los hinchas caminaban ansiosos por el campo de juego. Abrieron la puerta y lo recibieron cantando “dale campeón” y “René querido, el bajo está contigo”. El sol brillaba sobre el pasto sintético. Entré aplausos volvió a salir a la calle Pampa.

La Argentina perdía a un ídolo. Excursionistas despedía a un pedazo de su vida cotidiana.

*

Todo se había ido al carajo. Era el año 2002 y en la Argentina se daba un raro fenómeno para un país tan presidencialista: las asambleas populares. En una de ellas conocí a un flaco pelilargo que llevaba colgado del cuello un globito. La amistad fue una consecuencia del futbol y del peronismo, que nos llegaba desde nuestros padres. Una mañana en su casa vimos “La sociedad de los poetas muertos”. Él propuso que teníamos que seguir el consejo “del compañero gringo”, en alusión al personaje de Robin Williams, y formar una logia. El nombre se caía de maduro: René. Era Excursionistas y Huracán. El loco representaba una manera de vida y de amistad que nos representaba. El triángulo del Bajo Belgrano, solíamos decir. Con el tiempo La logia René se agrandó. El país cambió varias veces, pero nosotros seguimos fieles al estilo de René.

Hoy, mis amigos y yo estamos más tristes que nunca.

Sebastian Pujol

 

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